El Evangelio de la Perdición

Que las cosas tengan –sentido, razón de ser… causas y efectos significantes para la existencia- es lo más naturalmente humano. Creo que nos lo hemos figurado así desde que tenemos uso de razón… pero quizás, eso solo sea un invento nuestro. No cabe, o no cabía en nuestra capacidad de raciocinio, entender la –existencia- sin un motivo, razón o circunstancia que le de un sentido. Al fin y al cabo es como una referencia circular, un pleonasmo ontológico. El sentido es una invención de la razón, el único ser con estas capacidades hasta ahora conocido es el hombre, sin hombre no hay raciocinio y por ende, no cabe el sentido. Un mundo sin el hombre capaz de darse cuenta… ¿Qué sentido tendría?
En ingles se usa el término –realize- para lo que traducido al español sería –darse cuenta de la realidad-. A esto es a lo que también se le llama –tomar conciencia-… hacerse consciente la realidad. Parece ser que si no hay algo capaz de darse cuenta de la realidad, no hay forma de entender el sentido de la existencia. Al mismo tiempo, al ser el –sentido- una invención humana, nace la inquietud de estar ante una existencia sin sentido, lo cual causa un vacio que comúnmente había y sigue siendo llenado con las creencias religiosas. Esta sensación de vacio, es también, la misma de aceptarse como –perdido- en el universo. Así es como se planta hoy la realidad ante nuestra capacidad de entendimiento, y he aquí como Edgar Morín lo describe… estamos perdidos… EL EVANGELIO DE LA PERDICIÒN, por Edgar Morin