Incertidumbre Sustentable

Teorías Conspiratorias, Posibilidades entre azar y determinismo.

Preocupado como yo, por el imaginario social que reiterativamente recurre a teorías conspiratorias, al empezar su artículo “Conspiración y Síndrome de Jezabel”, Roger Bartra escribe…

Acaso la gente necesita combatir la imagen del caos con teorías que den coherencia al contorno amenazador. La idea de que vivimos en un mundo completamente azaroso donde puede ocurrir cualquier cosa sin causa visible resulta repelente….


Suena lógico que las personas nos sintamos más cómodos cuando las causas de las emergencias sean visibles; cuando los culpables son detectados; cuando las amenazas tienen razones comprensibles. Pero aún así… aún cuando dentro de las posibles causas, hay una teoría sensatamente lógica, es la grandilocuencia de la teoría conspirativa la que gana más adeptos. Especialmente en una sociedad desconfiada de por sí, y más en torno a sus autoridades. O sea, es el tamaño de la misma, o del tamaño de su improbabilidad. Nos sorprende más la historia donde de quien menos te lo esperas, resulta ser el culpable. La madre, el padre, la autoridad. Acusando un poco de delirio de persecución, la gente le utiliza también como alivio al distinguirse de los demás ingenuos que se creen todo lo que les dicen las autoridades, cuando según ellos, en realidad existe una oscura conspiración que se aprovecha de su ingenuidad. (Todo ej un complo)

Efectivamente, la imagen del caos y del devenir azaroso pueden parecer poco atractivos para la gente ávida de tener, al menos, una teoría que le explique los fenómenos que se le aparecen en su mundo. Es esta incapacidad de reconocer algún grado de incertidumbre en nuestra cotidiana realidad. Necesitamos de una incertidumbre sustentable suficiente para no dejarnos tentar por la seductiva teoría conspiratoria, ni por la ingenuidad de la sumisa credulidad ante toda explicación.

En un caso reciente, el de la influenza, tan no ha sido completamente azaroso, que ya se tenía mundialmente predicha la aparición de un tipo de influenza, más era incierto el como y el cuando. Sin embargo, son conocidas las teorías que surgieron, desde bio-terrorismo hasta haber sido realmente inexistente, y usado solo como distractor.

Bartra recomienda la lectura de Voodoo Histories: The Role of the Conspiracy Theory in Shaping Modern History, escrito por David Aaronovitch, donde se ahonda en el tema. Por lo que Bartra nos dice, aquí se reflexiona tanto en la frecuente falsedad de las teorías conspiratorias como en la crítica al extremo opuesto que acepta la realidad en causas puramente azarosas y accidentales. ¿Es entonces una combinación? ¿Conspiración y azar?

En el caso del que hablamos, la influenza; Resulta conspiratorio que a sabiendas de la amenaza, los gobiernos no hubiesen hecho lo suficiente para estar perfectamente preparados (Pero cómo? si es tan incierto) Y resulta azaroso cuando era completamente incierta la manera en que el virus se trasladaría y mutaría.

Como toda buena falacia (y charlatanería), la teoría conspirativa suele nutrirse en un porcentaje de verdad, desvariando luego en las suposiciones más variadas. Mejor si se incluyen personajes de rango o sucesos precedentes.

Para mí, esto es relevante en función de cómo la diferencia de posturas, marca una connotación de maldad, o no maldad, en la naturaleza del ser humano. Quien es afecto a la teoría conspiratoria, suele también desconfiar de su especie, el ser humano… Suele considerarle una especie de virus que ha infectado el planeta con sus sucios pies, necesidades y pasiones. Yo, le tengo mucho mas afecto, confianza, orgullo y amor a mi especie.

La maldad contenida en un complot contra el ciudadano común, al hacerle creer de la existencia de un virus mortal cuando este no existiera… utilizar los medios, los poderes, infundir miedo… todo para el engaño y la distracción de otros temas, me parece de una gran malicia… Por otro lado, la inmensa y perfecta orquestación necesaria entre entidades locales e internacionales, inmersas en diferentes intereses, sería demasiado como para que solo se utilizara con fines de engaño. Con esa capacidad de organización, utilizándose para el bien, ya hubiésemos logrado la paz mundial.

Necesitamos tener una confianza y una incertidumbre, sustentables y suficientes
para no dejarnos tentar por la seductiva teoría conspiratoria, ni por la
ingenuidad de la sumisa credulidad ante toda explicación.

 

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