Ver y sentir el mundo…

conocimiento universal

No obstante a mi particular fascinación por la CIENCIA, a nivel de principiante, encuentro igualmente fascinante el ARTE, en todas sus manifestaciones. Y no sé si esto es una circunstancia natural o creada por mi profesión, donde debo situarme en algún punto entre las ARTES de la edificación, de la psique, de la administración, de la sociología, como también, de las CIENCIAS de la percepción, interpretación, expresión y la creatividad…. ¿Lo dije bien?

¿Los números, las letras o los dibujos? ¿Esfuerzo físico o hablar?… ¿Qué me gusta más? ¿Qué particularidades me implican los números, las letras, los dibujos, el hablar fluido y la habilidad motriz? ¿Que son las áreas del conocimiento sino simples formas de clasificar las capacidades humanas?

Ya varios pensadores (como Edgar Morín) han manifestado lo contraproducente que puede ser esto de parcelar el conocimiento, aduciendo que la realidad es un todo-universo al que resultaría mejor enfrentar armados de un conocimiento lo más universal posible, integrando toda forma de percepción, perspectiva e interpretación. Esto implicaría, andar por el mundo observando simultáneamente tanto como físico, químico, biólogo, médico, sociólogo, economista, ecologista, filósofo, teísta/ateísta y artista. Solo por citar algunas de las disciplinas del conocimiento más representativas.

Estas disciplinas se clasificaron desde adentro, pues bajo un planteamiento metódico-científico, los estudiosos del conocimiento lo hicieron desde sus respectivas disciplinas; la filosofía y sus sub-áreas; la gnoseología y la epistemología. Y han concluido en dividirlo todo en dos primeras grandes áreas: Las Ciencias y las Humanidades, dentro de las cuales se encuentran todas las demás áreas. En un segundo nivel de subdivisión se diferencia entre ciencias físico-matemáticas y ciencias químico-biológicas. Mientras que la otra se subdivide en Humanidades y Artes, pero además, se les desprende un área que queda intermedia entre humanidades y ciencias para ubicar a las Ciencias Sociales. (ver oferta académica de la UNAM, por ejemplo).

 Son evidentes las razones que lo hicieron así. Resultan lógicas las afinidades entre las múltiples disciplinas contenidas en cada área, algunas comparten predominio del uso de los números, otras de las letras, otras de dibujos y manualidades, otras por el habla y otras por el movimiento corporal, que fisiológicamente se corresponden potencializadas por diferentes áreas del cerebro. En todo se requiere de todas estas herramientas de expresión, pero en combinaciones, intensidades y dosificaciones distintas.

Así también, resultan lógicas las diferencias entre cada gran área del conocimiento. Resulta que requieren de habilidades y capacidades humanas específicas que, en términos generales, todos poseemos, más sin embargo, no siempre están manifiestas y desarrolladas por igual. De ahí que encontremos en la habilidad, capacidad, o inteligencia, más manifiesta en cada uno de nosotros, en la que depositemos nuestra vocación. Tanto por gusto, como por conveniencia profesional.

Suele que la vocación nos especializa tanto que nos invalida a ver el mundo desde otros enfoques a la vez (simultáneamente) como sería la visión universal que se recomienda. Tal vez, esto sea demasiado pedir para nuestra capacidad individual promedio.

Existe un ámbito, que casi toda persona observa, y que por razones prácticas, ha sido acotada en la academia laica en otras disciplinas como la Filosofía y la Teología. Me refiero al sentir cosmogónico  que muchas veces, recae en la religión  -o no religión  -, de cada quien, tanto por adoctrinamiento familiar como por convicción propia. Cosmogonía es diferente de Cosmología, la cual es la ciencia que proporciona una teoría global sobre el universo, y la Cosmogonía sería la que incorpora una suposición, o hipótesis, para todo aquello que no se explica por la cosmología acerca del cosmos en el que estamos; ¿Qué hubo antes? ¿Qué y por qué le originó? ¿Qué hay más allá y para qué? (si es que hay algo)  y todos los demás misterios que la ciencia no tiene una teoría. Mismos misterios, que la ciencia reconoce como en mucha mayor proporción.

Lo cierto es que en la vida cotidiana, la mayoría de las personas, nos enfrentamos al mundo con alguna visión cosmogónica, generalmente religiosa, simultáneamente a cualquiera que sea nuestra visión vocacional (científica, humanística, técnica, etc.…). En el sentido propiamente religioso, no se le puede llamar “visión”, sino “creencia” o “fe”, y le sitúan como un aspecto paralelo, y superior, al conocimiento. En el caso de los no religiosos, suele recaer en  filosofía, y es propiamente, un tipo de conocimiento.

Así pues, un área especial del conocimiento es la Filosofía, la cual rehúye a ser considerada como ciencia a pesar de tener características sistémicas y ordenadas. Se le suele llamar como madre de todos los demás “saberes” o conocimientos, pero cuando menos, es una disciplina (con discípulos) y es de las humanidades la más representativa, ya que es la que se hace las preguntas de carácter más propiamente humanista. La filosofía suele resultar una especie distinta de visión cosmogónica para los no adeptos a religión alguna. Dícese, ateos o ateístas (de no creer en dioses). 

Lo que resulta francamente triste, es que las personas perciban estas áreas como competencias y se cierren, o nieguen, a la posibilidad de ver el mundo desde otras ópticas. Como ejemplo está un amigo artista que considera aburrido, tedioso, perverso, casi inútil e inferior, toda disciplina que no sea El Arte . Y además, les critica y culpa, de todos los males que nuestra civilización pueda tener. Lo paradójico es que, casi por definición, es el Arte (el autentico) el área donde esta visión de la realidad, suele ser de lo más -universal-.

La forma intuitiva en que los artistas absorben, integran y realizan su expresión, crea la ilusión de hacerlo sin necesidad de las demás áreas del conocimiento, pero la verdad es que, se alimenta inconscientemente de todas ellas, sin menoscabo de ninguna. En cierto sentido, como todo ser humano ávido de entender nuestra realidad, el artista resulta ser un filosofo; un filosofo con una impulsiva afición por expresarse de manera original, y que no es necesario que sea muy consciente de lo que percibe y expresa. (Es más bien, intuitivo). Los artistas más representativos de esto, son personas sumamente cultas en toda área del conocimiento, y el ejemplo por excelencia es Leonardo Da Vinci, quien a diferencia de muchos, tenía en perfecto balance la dupla mental; intuición/razón.

Pero igualmente que el artista, el científico en su escéptica curiosidad y tenaz búsqueda de la verdad, resulta ser un filosofo también; un filosofo con una impulsiva afición por investigar hasta encontrar las causas y respuestas a sus propios cuestionamientos.

Esta deseable visión –completa, integral, equilibrada, simultánea y universal– podría analogarse también con esta cualidad de ver más el bosque que el árbol; es decir, más lo general que lo particular, pero sin jerarquizarlo una sobre el otro. Ver tanto el bosque, como a cada árbol que le conforma; tanto lo general como lo particular en forma simultánea; Conjunto y cada parte. (El bosque no es ya un conjunto de arboles, sino un nuevo ente que no podría comprenderse solo como una suma de arboles.)

Hay que notar que mientras el arte hace su papel, alimentando el espíritu, motivando, concientizando, denunciando y señalando los defectos y las virtudes de la sociedad, pocas veces propone soluciones prácticas, además de la creación de conciencia y reflexión, cosa que ya es muy relevante. Mientras tanto, las ciencias se avocan a las soluciones prácticas. No cuesta pensar entonces, que ambas han de ser partes igualmente importantes de una ecuación donde también figuran las demás humanidades, incluyendo cosmogonías, para obtener la buscada visión Universal.

Ciencias + Humanidades + Artes + Cosmogonía = Visión Universal

Notemos que la creencia religiosa suele conflictuar cuando en alguien existe la curiosidad científica. En su búsqueda de respuestas racionales se confronta con los dogmas religiosos, que por su parte exigen no ser cuestionados y ser aceptados tan solo por fe. Muchos logran ensamblarles mediante flexibilizar la interpretación (a veces demasiado) hasta que exista la probabilidad de que coincidan.

Justo es el carácter “racional” el que fundamenta la clasificación académica, dejando al margen las que se consideran irracionales. Estas serían las áreas del conocimiento –no científico-, con el detalle de que hoy en día, pocas cosas se consideran “conocimiento” si no tiene cierto crédito científico. Así pues, los dogmas religiosos, los esoterismos (astrología, magia, quiromancia, alquimia, etc.), las pseudo-ciencias, o de plano, la mala-ciencia, no pueden entrar a lo entendido como “conocimiento” en sí, como para enseñarse en una casa de estudios, como la universidad.

En el caso del Arte, se considera apoyado por –conocimientos- más no se considera un área de CONOCIMIENTO  en sí. A pesar de su carácter altamente intuitivo, y apariencia irracional, el arte ha encontrado desde hace mucho tiempo, un lugar dentro de la academia, demostrando el aporte que las ciencias y humanidades le contribuyen, y viceversa. A pesar de su peculiaridad, existen teorías, técnicas, sistemas y metodologías racionales que ayudan a detonar la creatividad –aparentemente irracional– de los artistas. En cambio, la religión y los esoterismos, aun no encuentran lugar dentro de la clasificación del conocimiento “racional”, y sin problema, la gente los integra como parte de su visión del universo, como su cosmogonía individual y de grupo.

Esto significa que las visiones del universo que muchos tenemos, incluyen tanto formas racionales como irracionales, como correspondiendose con la idea de que somos materia y espíritu. Aunque aquí, irracional no se adecua con cualquier idea que se tenga de “espíritu”. Obvia decir que una visión puramente irracional no correspondería con una persona, precisamente “funcional”. (Por más que un individuo se abandone a la irracionalidad, tendrá que asirse de bases racionales para “funcionar” dentro de la sociedad.)

Todo esto debe tener algo que ver con lo que Edgar Morín propone en su teoría del Pensamiento Complejo. Ser una persona con esta capacidad, donde convergen al mismo nivel todas las áreas del conocimiento… debe ser una gran complejidad, o ser un genio como Da Vinci.

Siendo un tanto simplistas, podemos esquematizar al ser humano con estas capacidades:

Este ser humano sería aquel cuyos sentidos de la percepción y de la expresión fuesen el ARTE; su mente fuese una dupla entre la intuición irracional artística y la racionalidad científica, dirigida por la FILOSOFÍA (cosmogonía), y sus extremidades fuesen de CIENCIA práctica. Todo dentro de un cuerpo debidamente ejercitado para su mejor funcionamiento.

 En lo particular, considero la busqueda de la verdad, como la máxima fascinación que se pudiera tener: Mas sin embargo, algunos debemos reconocer las limitaciones de capacidad que tenemos en algunos campos como el matemático, y otras abstracciones tan complejas como el cálculo diferencial e integral, y la química… etc. No obstante, algunos hemos preferido renunciar definitivamente a los dogmas religiosos, como también de detectar con cuidado las formas pseudo-científicas y de mala ciencia, para forjar nuestro propio criterio, tratando de entender, en la medida de nuestras capacidades, a la ciencia y sus soldados, los científicos.

Por eso debo buscar la divulgación más sencilla posible. Como la de Bill Bryson  en “Breve Historia de Casi Todo”, o “Cosmos” de Carl Sagan, y otros como Stephen Hawkings, Michiu Kaku, Steven Pinker  y Richard Dawkins , entre muchos otros que debo buscar.

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