6/10 Aceptar el límite inferior

FILOSOFÍAS Y DOCTRINAS VI

Algo reúne a los científicos y a los religiosos; ambos desean que exista algo más que lo que hasta hoy tienen frente a sus narices. La Religión cree en un más allá, y la Ciencia que hay mucho mas por descubrir y conocer. Dejando aparte al religioso con su cuadro resuelto, supongamos que dentro del rango de posibilidades emanadas de la ciencia, tuviésemos un límite máximo y un mínimo.

El límite máximo sería donde respondiéramos científicamente todas las preguntas que imaginemos, descubriéramos el “afuera” del cosmos, si lo hubiera; Comprobáramos la veracidad de las once dimensiones;  Domináramos la tecnología emanada, adquiriendo el control del Universo, y por supuesto, aclarando la incógnita de dios, a favor o en contra. La Utopía neopositivista, en la que se excede la ciencia a ser casi como una religión que promete la salvación del Mundo. Es la postura mas críticada por los detractores de la Ciencia, tal vez, con mucha razón. 

Pero si, en contra de nuestros más profundos deseos, debiésemos simplemente aceptar y conformarnos con el límite inferior de las posibilidades, muchas incógnitas permanecerían. En este caso debemos entonces quedarnos con que no hay más: Nuestras cuatro dimensiones nunca nos dejarán salir hacia otras dimensiones; y que no hay manera de saber algo sobre la existencia del “afuera” del universo; y que ante el 99.999% de la imposibilidad para evidenciar la existencia de algún ser supremo, solo queda ser honestamente agnóstico, al grado práctico, de ateo.

Igualmente, el límite superior e inferior se corresponde con la vieja y nueva idea que se tiene de la ciencia. El límite superior corresponde a aquella concepción, hoy superada, de pensar que la humanidad avanza hacia un objetivo universal, una civilización fundada en la ciencia que a la larga salvará a la especie y al Mundo entero, que como en las religiones, es una meta predeterminada en  la salvación humana.

El límite inferior, como se concibe hoy la ciencia, es lo que hemos dicho ya. Un simple instrumento, que acepta y convive con la inevitable incertidumbre indeterminada, donde es muy posible que no haya la posibilidad de un conocimiento total. Aquí aplica muy bien la analogía con el iceberg, donde la ciencia admite conocer solo la punta que sobresale de la superficie del mar, quedando por debajo la incierta, pero enorme, cantidad de hielo por descubrir.

Nada más elocuente para demostrar esta moderada concepción de la Ciencia, que el simple título de la obra del físico-matemático Roger Penrose; Camino a la Realidad. O sea, solo un rumbo, una actitud y una constante exploración .

Como he dicho antes, esta realidad es la que pinta el cuadro con mayor cantidad de incertidumbre y desolación, donde se pueden perder el cometido y sentido de la vida. Y junto con esto, consecuentemente se vería implicada la moral del ser humano. Lo cual abre espacio para las siguientes reflexiónes.

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