Conciliación Teísta… hipótesis desde el ateísmo

En las puertas del portal de un futuro Monasterio de la Conciliación, que albergue a los creyentes de las tres grandes religiones monoteístas, estará escrito: “Dios es único en las alturas, cuanto más me elevo hacia Él, más me acerca a mis hermanos”. Salomón Derreza

Pensadores increíbles, los filósofos de hoy son tan lúcidos como los ha habido siempre, Rüdiger Sagranski me llega a través de una síntesis traducida por Salomón Derreza en un artículo de la revista Letras Libres, del original en una revista alemana Der Spiegel. De Salomón, la frase inicial.

A propósito de la Religión, como fenómeno constante desde que se inventó la historia, o viceversa, Sagranski nos habla de la temperatura de las diversas religiones actuales como tonos, o gradación entre los extremos fundamentalista y lo opuesto (¿?). Extremo que por cierto, no alcanzo a definir bien (religión light o algo así).

Por párrafos traducidos, se presta y facilita para comentar uno por uno:

Religiones Calientes y Frías

Rüdiger Safranski forma parte, sin duda, junto con Habermas y Sloterdijk, del núcleo duro de la filosofía alemana contemporánea…[…] 

Sepamos de quien hablamos y entre quienes se codea.

La temperatura de la fe

El conflicto cultural con el islam ha desencadenado un nuevo debate religioso: El conflicto es entre una concepción caliente de la religión y una concepción fría. Un síntoma externo de lo que es caliente o frío en este terreno es el grado de sensibilidad y agresividad con el que se reacciona a afrentas, reales o exhibidas, como el llamado a asesinar a Salman Rushdie o el atentado fallido contra Kurt Westergaard, uno de los autores de las caricaturas de Mahoma.

La temperatura de las religiones puede ser medida según sean las reacciones a críticas, comentarios y sátiras en contra. Creo que la burla es irrespetuosa pero nunca se justifican reacciones como las suscitadas contra Rushdie y Wertergaard. Por lo que respecta a la crítica, dura pero respuetuosa, no debería haber problema alguno. Creo que las reacciones que en México se han dado por parte de la Iglesia Católica en contra de los matrimonios gay, su posibilidad de adopción, el estado laico, el aborto, la eutanasia y otras discusiones recientes, muestra cierto “corrimiento hacia el rojo”, cual efecto Doppler pero en vez de distancia, es como un termómetro que muestra una sensible tendencia hacia la elevación de la temperatura.

Tahúres de la salvación

Pascal demostró de qué manera es posible acercarse a la religión y la fe mediante el cálculo frío. En sus escritos se encuentra un célebre pasaje, conocido como “la apuesta de Pascal”, que ha pasado a formar parte de la historia del pensamiento religioso. En él, Pascal aboga por la fe en Cristo como si se tratara de una apuesta en un juego de azar. De un modo u otro, morirán; mediante la fe sólo pueden ganar.

Eso que en Pascal y en la mayoría de las personas quiere creer es sin duda la necesidad de sentirse seguro y protegido y de saber que la vida tiene sentido.

El sentido, la seguridad y el sentirse protegido son las cálidas cualidades religiosas que siempre resultarán irresistiblemente atractivas. Y aunque esto no demuestra, ni siquiera que sea una necesidad inherente al ser humano, es la apuesta a la que se adhieren la mayoría de las personas (al menos en mi contexto). La incertidumbre es simplemente el más pavoroso de los sentires posibles… No sabemos convivir con la incertidumbre. En la religión, la incertidumbre se elimina con la fe, una suerte de optimista esperanza y confianza en lo invisible pero prometedor, lo intangible pero atractivo.

Creo, luego no pienso

Pero a la fe le sienta mal cuando en vez de hablar desde ella se habla sólo de ella, es decir, cuando se la considera desde fuera, se la observa, se la analiza. Sucede como con el amor, al cual tampoco le sienta bien cuando se lo analiza y disecciona de una forma demasiado penetrante. Entonces puede pasar que confundamos la experiencia del amor con su análisis y que, al fin, nos fiemos más del análisis que de la experiencia.

Hace tiempo que acepte al amor como la más hermosa de las fantasías, y podría decir que paradójicamente, me resulta una “real” fantasía… es decir que, no por fantasía, ilusión creada e inventada, su efecto es menos maravilloso y tremebundo. Desde entonces me abandono a él. Así es como puedo llegar a comprender la fe, una ilusa invención. No obstante, es una situación meramente personal que compete a cada quien en su más íntima individualidad. No por nuestra sensación amorosa nos ponemos a adoctrinar gente, fundar institución, obligar donativos y legislar en la vida de los otros. Cada quien que viva su fantasía como quiera, pero que no intervenga en la libertad de los demás.

El rojo vivo del cristianismo

San Pablo, el verdadero fundador del cristianismo como religión universal, lo formuló de esta manera: “Y si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe“ (1 Corintios 15,14). […] La exigencia exagerada a la fe de San Pablo lo apuesta todo a una sola carta: la resurrección de Cristo. Y ya que Cristo resucitó, también nosotros resucitaremos de los muertos; dando por sentado, claro, que tengamos fe […] El más acá es, en todo caso, un estado provisional, una sala de tránsito o de espera. […] En aquel tiempo, el cristianismo era todavía una religión caliente […] Y es que una religión caliente reacciona de forma altamente sensible a las afrentas. A fin de mantener su temperatura interna de operación debe rechazar todo tipo de ironía, dudas, escepticismo, burla, relativización y, en fin, toda mirada proveniente del exterior que pueda actuar como degradación o tentación.

Entiendo por esto que las religiones, en específico la cristiana debe por default conservar una temperatura, y aunque hoy no es igual de elevada que antes, nunca podrá perder cierto grado de temperatura caliente,  ya que se perdería. Así se entienden entonces las reacciones ante la crítica, el escepticismo y la relativización de sus fundamentos. Me recuerda un poco mi post La Religión; Es o no es.

El rojo ardiente del Islam

Sin duda, el fundamentalismo islamista es una religión caliente y tiene, como antiguamente el cristianismo, aspectos apocalípticos. Aquellos que se estrellaron contra las torres de Nueva York eran apocalíptas […]. Antes del ataque de la OTAN, un talibán respondió la pregunta de un periodista alemán acerca de por qué el gobierno no había hecho nada para reconstruir el país con una parábola. Si su avión, dijo, se estrellara durante su vuelo de regreso a Alemania, pero usted sobreviviera y tuviera la certeza de que sería rescatado en poco tiempo, seguramente no se pondría a construir nada en el lugar del accidente. Tal sería la situación de los talibán: Pronto entrarán en el Reino de los Cielos. Por eso, no vale la pena cambiar nada en la miseria terrenal. Tal es exactamente esa consciencia de la sala de tránsito y espera que todavía debe de resultarnos familiar como propia de la fase “caliente” del cristianismo.”

Esta antesala de tránsito a la vida eterna, tanto en el islam como en otras religiones, hacen inmeritorio e inmerecido procurar de más esta vida de miseria terrenal. Palabras más, palabras menos, pero es triste que esta maravilla de la existencia no se aprecie tal cual, tan frágil, tan hermosa, con la intensidad de todo nuestro intelecto y capacidad emocional.

Las religiones glaciales y sus perversiones

Las religiones “frías”, según pueden ser definidas después de todo lo anterior, son aquellas que han aceptado la oscilación entre el sobrecalentamiento y el enfriamiento, no sólo en su exterior sino también hacia su interior; son aquellas que se han vuelto razonables, las que aceptan enfriarse en aras del servicio a la sociedad; las plurales, privatizadas y domesticadas en esferas axiológicas separadas. […] Una religión redentora, como lo fue el cristianismo, puede, entonces, enfriarse —pero también puede pervertirse […] Para la religión pervertida, el mundo se encoge y su feligrés encuentra en todas partes la confirmación de su opinión, la cual defiende contra el resto del mundo —y contra sus propias dudas— con todo el fervor de su fe. Particularmente peligrosa se vuelve cuando esa monomanía accede al ámbito político. Las ideologías totalitarias de los últimos siglos, tanto el nacionalsocialismo como el comunismo, demostraron ser, en ese sentido, religiones pervertidas o, lo que es lo mismo, religiones de relevo políticas.

Un tanto avanzado para mis capacidades, Rüdiger nos hace equiparables los ideales nacionalistas y socialistas con las religiosas, como si fueran un estado frio de las mismas. O puede ser que lo esté malentendiendo y se trate de otra cosa. En todo caso, nos dice que en el enfriamiento de una religión se pueden alcanzar cosas muy buenas como; ser razonables, plurales y al servicio de la sociedad, viviendo su espiritualidad al interior de una privacidad comunitaria, pero también dice que puede ser pervertida, siendo en la política donde podría encontrar sus peores perversiones. Esto sería entonces, una forma más de argumentar a favor del Estado laico.  

Hacia una civilizada religión civil

Una religión auténtica, por su parte, educa en el temor sagrado a la inexplicabilidad del mundo. A la luz de la fe, el mundo se vuelve “más grande”, conserva su secreto, y el hombre se comprende como parte de él. También él sigue siendo incierto para sí mismo, pero lo puede aguantar […] Vistas desde fuera, las religiones filantrópicas pueden ser interpretadas como un invento cultural genial, con cuya ayuda los movimientos de búsqueda horizontales del hombre son redirigidos en la vertical, es decir, hacia arriba. Si Dios existe, los hombres son liberados de la carga de tener que ocuparse de los otros o, al revés, de descargar su malestar en los otros.

[…] Los derechos humanos son la medida de todas las cosas, también para las religiones. Eso significa que ellos mismos pueden ser vistos como una forma de religión, como una religión civil […]. En vez de anclar los derechos humanos en las arenas movedizas de las cambiantes mayorías, se lo hace en algo absoluto, en Dios o en lo que queda de Él: una instancia de la fundamentación moral. Queremos creer en el hombre y en su razón filantrópica, pero hacemos el sorprendente descubrimiento de que tener fe en el hombre posiblemente resulta más fácil si hacemos un rodeo por Dios.

Esto me parece genial. Es la aceptación de la religión en nuestra cotidianidad civilizatoria, en un tremendo corrimiento hacia el antropocentrismo, desde el teocentrismo, y presentándolo en un envase teísta. O sea, una especie de Teísmo Antropocéntrico. Ya había reconocido de cierta forma, que es indudablemente más convincente obedecer una ley sagrada que una ley humana. ¿Cómo creer en el hombre?… pues vía Dios, como un invento positivo. Sin embargo, sigo pensando… ¿Será necesario tanto circo, cuando ya lo consideramos “un invento”?

[…] Acerca de la pelota [1] se puede decir tan poco como sobre Dios, ya que quizás tampoco Él esté ahí. Pero el juego existe y su dinámica nos muta de espectadores en jugadores. Eso significa: Empiecen a jugar y notarán lo real que es la pelota. Pero si antes quieren saber si la pelota está ahí, entonces jamás empezarán y nunca habrá juego.

El Dios de la religión civil es la pelota en el juego sin pelota.

[1] Safranski se refiere a la pelota de tenis imaginaria de una de las escenas finales de Blow Up, de Antonioni.

Sin duda esta metáfora con la pelota en un juego es lo mejor. Aunque desde afuera parece que juegan sin pelota, el juego existe y la pelota parecerá real solo si le entras jugar. Es la invitación a vivir una fantasía, con la finalidad de entrar a la era de una, deseada, religión civil. Es decir, concedamos Dios, pero bajo otros términos. ¿Será esto posible? Sinceramente, creo que lo dudo, pero suena bien.

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