Resistencia Conservadora

Haré un intento de comprender el razonamiento de las personas que se oponen a la legalización de las drogas en México. Advierto anticipadamente que reconozco las nobles intenciones que tienen. También debo decir que centraré la discusión al uso –recreativo- de las drogas y no al medicinal. La pregunta es; ¿Se debe prohibir el consumo y mercado de drogas?

Con sencillez, aunque procurando no caer en simplismos, vayamos primero viendo las coincidencias para dejar descubiertas las diferencias.

Entiendo que la oposición se fundamenta principalmente en un juicio de tipo moral sobre lo bueno o malo que esta decisión representa. Y de su honesta preocupación de que nuestra sociedad pueda desviarse por el camino del mal, representadas aquí por las drogas, y las personas que consumen y lucran con este mal.

Por supuesto que la moral debe ser factor importante en la ponderación de esta situación. Inclusive, puede ser de las más importantes aristas, si no es que la más importante, como me parece que es como los conservadores lo consideran. Con esto quiero decir, que sobre las consideraciones económicas, políticas, jurídicas, médicas u otras, la importancia moral implicada en el asunto debe ser de lo más importante.

Objetiva y científicamente demostrado, se involucran asesinatos tanto de culpables como de inocentes, y se destruyen futuros de jóvenes hijos nuestros, con adicciones y dependencias a estupefacientes convirtiendo sus vidas en miserables, terminando todo esto en desvirtuar en buena medida el orden social. Con esto quiero decir, que comparto con los conservadores el juicio moral sobre las drogas como “un mal”. Incluyendo el alcohol, tabaco y cafeína entre otros.

Con esto, entiendo que estamos de acuerdo en la naturaleza perjudicial que tienen las drogas usadas con fines recreativos. La primera premisa, en la que el acuerdo es total es;

El consumo de drogas es nocivo a la salud. ¿Se debe prohibir?

  La segunda es;

El consumo excesivo de drogas impide al individuo formar  orden social. ¿Se debe prohibir?

Una comparación pertinente

Las comparaciones pueden ser buenas, aunque no siempre son exactas. Sin embargo, con riesgo a parecer simplista, haré una entre las Drogas y el Suicidio.

¿Es el consumo de drogas perjudicial como lo es el suicidio?

De hecho, podría decirse que muchas adicciones son un suicidio de facto,  agravado además, por ser lento, doloroso y expansivo a la sociedad circundante.

Es claro que ambas practicas resultan nocivas a la vida y salud humana, por lo que podemos considerarlas incorrectas. Pero no necesariamente resultan inmorales pues en muchas sociedades son practicas  aceptadas; tanto el consumo de drogas, como el suicidio.

Si la drogadicción puede compararse con el suicidio, hay que hacer notar que el suicidio «es un acto que la ley no prohíbe». Se señala que no existe en el ordenamiento jurídico el «derecho al suicidio», ello no impide, sin embargo, reconocer que, siendo la vida un bien de la persona que se integra en el círculo de su libertad, pueda aquélla fácticamente disponer sobre su propia muerte, pero esa disposición constituye una manifestación del agere licere (libertad de hacer), en cuanto que la privación de la vida propia o la aceptación de la propia muerte es un acto que la ley no prohíbe».

¿Se debe entonces prohibir tanto lo uno como lo otro? ¿Es posible prohibir el suicidio? …Lo que resulta realmente inútil es penalizarlo, sin embargo, algunas cosas en su periferia están legalizadas, pero…  ¿Tiene derecho el Estado de prohibir el suicidio?

Me resulta obvia la necesidad de intervención legal con respecto de las drogas, ya que su incidencia en la comunidad circundante es mayor que en el caso del suicidio. Hay mucha mayor gente queriendo consumir drogas, que quitarse la vida. Pero ¿será necesario que esta intervención constitucional sea la prohibición en lugar de la administración legal?

Lo que preocupa a los conservadores, son los efectos expansivos en la sociedad derivados del consumo de drogas, y que empiezan por el deterioro de capacidades necesarias para la dicha humana, hasta el desorden social, donde resulta imposible el sano desarrollo humano y civilizatorio.

Existe en los conservadores la idea de que la violencia se debe más a jóvenes armados y drogados, que al combate de la autoridad (?) Como si lo sucedido no evidenciara lo contrario. Lo observado ha sido;

  1. A medida del enfrentamiento aumenta el reclutamiento de jóvenes
  2. A medida del enfrentamiento aumenta el armamentismo
  3. A medida del enfrentamiento aumenta la violencia.

Habría que hacer y checar estadísticas pero no veo al grueso de los hechos violentos en crímenes sin relación al tráfico de drogas. Existirán casos de causas diversas donde se presentan; jóvenes; armados y bajo las influencias de las drogas, pero en comparación con los casos relacionados con el narco-tráfico han de ser muy pocos. Lo cierto es que, muy probablemente, muchos de los hechos violentos relacionados con el narco-tráfico se cometen por jóvenes armados de valor con droga, fusiles, y un poco de dinero.

Todo esto apunta a que más genera violencia el INTERÉS económico en el narco-tráfico que la misma drogadicción de nuestra juventud.

Al legalizarse al respecto, y cesar el enfrentamiento, persistiría el problema de salud, con todo y sus efectos en crímenes violentos, pero cesarían los derivados del interés económico por narco-tráfico, mismos que son muchos más en cantidad y magnitud.

La aseveración de funcionarios, como este, demuestra poco entendimiento a la propuesta a favor de la legalización de las drogas. Textualmente dice así:

“Estos criminales buscan enriquecerse abusando de la sociedad, además de vender todo tipo de drogas al mercado norteamericano, y esclavizando en la adicción a los niños, jóvenes y adultos de nuestro país. Pensar que su comportamiento nocivo cambiará por el hecho de legalizar la mariguana es una falsa premisa. Son empresarios del crimen, delincuentes que deben ser combatidos sin titubeos por el Estado mexicano”.

Por supuesto que el crimen debe ser combatido, especialmente por el estado. La propuesta solo se dirige a la forma de hacerlo, misma que puede ser con mucho más astucia. La esencia de la propuesta está en sacar a la luz, el mercado negro de las drogas. Por razones socio-antropológicas complejas, todo lo prohibido genera un mercado negro.

La  lógica es la siguiente:

La violencia se deriva de afectar el negocio del narco-tráfico

Al legalizar las drogas, los narcotraficantes tienen 2 opciones;

  1. Se convierten en empresarios y legalizan su negocio con la implicación de enfrentar posibles acusaciones por delitos cometidos durante su forma de operar anterior; o
  2. Se dedican a otra cosa.

 La lógica del funcionario, y conservadores en contra de la legalización, no encuentran otra opción que pensar que la vileza natural de estos criminales los conduciría irremediablemente a dedicarse a otro género delincuencial.

  1. Efectivamente, si resulta que así es y deciden dedicarse a otra forma de delincuencia, su capacidad nociva sería muchas veces menor y su persecución mucho menos compleja, ya que no contarían con la capacidad económica para sobornos, reclutamiento, escondites y compra de armas que tienen con el narco-tráfico. Ni el secuestro, ni el robo, ni ningún otro tipo de delito pueden generar el poderío que el narco-tráfico.
  2. En caso de que quisieran continuar con el negocio de las drogas, pero de manera legal, tendría que tener la suerte de no tener acusación comprobable de haber participado en crímenes como asesinatos, sobornos, portación de armas, etc. etc. De ser así, tendríamos a un “empresario” limpio, manejando un negocio que al ser “legal”, no tendría motivo alguno para los anteriores delitos: Comprar autoridades, portar armas, reclutar y corromper a menores y jóvenes. ¿Qué caso tendría generar violencia por un negocio perfectamente lícito? No sería la primera vez que tuviéramos a terribles empresarios manejando empresas limpias.

En cualquiera de las dos opciones, la persecución del delincuente se hace menos difícil y peligrosa, pero principalmente, se hace mucho menos violento.

En el fondo, la verdad es que existe una enorme necesidad por evadir la realidad, consolar sus efectos, o/y terminar con ellos de tajo; rápida o lentamente. Habría entonces que cambiar la realidad de modo que estar en ella no implicara una constante necesidad de salir de ella… ¿Será eso posible? Con todo y la lenta agonía del suicidio que implica la dependencia a narcóticos, la experiencia derivada de esta ha tenido una larga historia de coexistencia con la humanidad. En lo que los genios de nuestra administración pública, de la industria de la comunicación, de los noticieros y demás comentaristas conservadores, encuentran el quid de este asunto ancestral, convendría simplemente, disminuir la violencia. ¿No creen?

Por un lado, quieren los conservadores que nuestra sociedad madure, pero piensa que no puede dejarle decidir por si misma. Tiene que prohibirle todo lo “malo” para mantenerla a salvo. La verdad es que nunca se ha logrado una sana maduración con la prohibición y la penalización.  Así se obtienen ciertos controles restrictivos y necesarios, pero nunca se ha alcanzado así una maduración real, donde a pesar de tener la alternativa, se opte por el beneficio colectivo.

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