Camisa de once varas

Ni crítica ni sátira, he aquí solo mi forma de interpretarlo. Como siempre, con respeto y algo de extrañeza.

Depositar en un ente externo, la propia fortaleza del carácter ante la adversidad, ha sido sin duda una estrategia exitosa en la humanidad. Los casos son infinitos e innumerables. Algunos recientes el de los mineros de Chile y el de Diego. Pero quizás el más conocido, el de Víctor Flankl. La cuestión es que no lo han logrado solos, sino gracias al soporte divino y constante de dios. Para estos casos casi el mismo, el judeo cristiano y el católico. Agregándose en especial, la virgen de Guadalupe, la misma María, en el caso de Diego, homónimo de Juan Diego, hijo especial de la virgen. No niego que resulta agradable y hasta admirable, la humildad a renunciar al merito para dárselo a dios, quien a través de formas misteriosas y veladas de registrarse físicamente, les fortalecen, y mantienen con entereza y equilibrio mental. Así, la tortura, el confinamiento, el secuestro, la barbarie o la desgracia sobre uno, pueden ser tolerados y superados.

Parece más que comprensible que sentir de tu lado, la fuerza omnipotente de dios, pueda dar el soporte suficiente para lograrlo… existe en nosotros siempre la ciega convicción, o fe, de que las fuerzas del bien deben siempre sobreponerse sobre las del mal, aunque también, la funesta realidad a veces nos demuestra lo contrario. Algunos otros, muchos ellos, no lo han logrado, a pesar de haberse igualmente encomendado a dios. Algunos murieron en minas; muchos en los hornos del holocausto, y muchos secuestrados, inocentes infantes algunos, no lo lograron a diferencia notable del más astuto, abogado de noble profesión, político de noble oficio, Jefe Diego.

 La razón de esta aparente discrepancia entre quienes merecerían más la ayuda de dios, está claro en la limitada posibilidad que tenemos los humanos para comprender las formas de actuación divina, donde todo tiene una razón de ser. Sigue pensar que Diego tiene una misión aquí, misma que no podía ser para los otros, afortunados de ser llamados ante la presencia de dios. La presidencia nacional quizás, suspiran algunos.

Y aunque en lugar de Cristo, fuése Yavhe, o así fuesen las hadas del bosque mágico, tiene para mí una lógica perfecta desde el punto de vista psicológico. No sentirse solo, aunque sea acompañado por espíritus creados por la imaginación, pero tan reales como mi convicción en la rotación terrestre, y por ende, en el día y la noche. Para creerlo hay que pensarlo como real, para pensarlo como real, hay que abandonarse a la imaginación, para abandonarse a la imaginación, hay que abandonar razones; para abandonar razones hay que confiar en la suerte.

¿Qué significa cuando Diego dice haber perdonado como hombre de fe, pero no como ciudadano? ¿Qué significa esta doble vara?… ¿Qué le obliga a perdonar semejante latrocinio, y no volcarse en pro de una justa revancha, en contra de sus plagiarios?

Qué bueno que Diego tuvo la fuerza, o la suerte, para sobrevivir su secuestro. Da igual si para ello se apoyó en lo que para mí se aparece aun como una ficción, pero me ha hecho cuestionarme ¿De dónde sacaría yo fuerzas en momentos como ese? O ante la ausencia de ese kit espiritual ¿me abandonaría a la desesperanza, y moriría irremediablemente? No lo sé, pero tengo la ligera sospecha de que no… imaginación….. me sobra.

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