Moriremos, y tenemos suerte

Richard Dawkins cumple años y me encuentro este video entre sus publicaciones. Buena manera de festejar, haciendo una especie de rito de agradecimiento y oda al universo, pero sobretodo a la suerte de nacer y morir en este, nuestro maravilloso mundo.

Transcripción: 

We are going to die, and that makes us the lucky ones. Most people are never going to die because they are never going to be born. The potential people who could have been here in my place but who will in fact never see the light of day outnumber the sand grains of Arabia. Certainly those unborn ghosts include greater poets than Keats, scientists greater than Newton. We know this because the set of possible people allowed by our DNA so massively exceeds the set of actual people. In the teeth of these stupefying odds it is you and I, in our ordinariness, that are here.

We live on a planet that is all but perfect for our kind of life: not too warm and not too cold, basking in kindly sunshine, softly watered; a gently spinning, green and gold harvest festival of a planet. Yes, and alas, there are deserts and slums; there is starvation and racking misery to be found. But take a look at the competition. Compared with most planets this is paradise, and parts of earth are still paradise by any standards. What are the odds that a planet picked at random would have these complaisant properties? Even the most optimistic calculation would put it at less than one in a million.

Imagine a spaceship full of sleeping explorers, deep-frozen would-be colonists of some distant world. Perhaps the ship is on a forlorn mission to save the species before an unstoppable comet, like the one that killed the dinosaurs, hits the home planet. The voyagers go into the deep-freeze soberly reckoning the odds against their spaceship’s ever chancing upon a planet friendly to life. If one in a million planets is suitable at best, and it takes centuries to travel from each star to the next, the spaceship is pathetically unlikely to find a tolerable, let alone safe, haven for its sleeping cargo.

But imagine that the ship’s robot pilot turns out to be unthinkably lucky. After millions of years the ship does find a planet capable of sustaining life: a planet of equable temperature, bathed in warm starshine, refreshed by oxygen and water. The passengers, Rip van Winkles, wake stumbling into the light. After a million years of sleep, here is a whole new fertile globe, a lush planet of warm pastures, sparkling streams and waterfalls, a world bountiful with creatures, darting through alien green felicity. Our travellers walk entranced, stupefied, unable to believe their unaccustomed senses or their luck.

The story asks for too much luck; it would never happen. And yet, isn’t that what has happened to each one of us? We have woken after hundreds of millions of years asleep, defying astronomical odds. Admittedly we didn’t arrive by spaceship, we arrived by being born, and we didn’t burst conscious into the world but accumulated awareness gradually through babyhood. The fact that we slowly apprehend our world, rather than suddenly discover it, should not subtract from its wonder.

It is no accident that our kind of life finds itself on a planet whose temperature, rainfall and everything else are exactly right. If the planet were suitable for another kind of life, it is that other kind of life that would have evolved here. But we as individuals are still hugely blessed. Privileged, and not just privileged to enjoy our planet. More, we are granted the opportunity to understand why our eyes are open, and why they see what they do, in the short time before they close for ever.

 

Traducción:

Nos vamos a morir, y eso nos convierte en los más afortunados. La mayoría de la gente nunca va a morir porque nunca van a nacer. Las personas potenciales que podrían haber estado aquí en mi lugar, pero que, de hecho, nunca verán la luz del día más que los granos de arena de Arabia. Ciertamente, esos fantasmas no nacidos son mayores poetas que Keats, científicos de más de Newton. Sabemos esto porque el conjunto de posibles personas permitidas por nuestro ADN tan excede con mucho el conjunto de personas reales. En los dientes de estas probabilidades soporíferas que usted y yo, en nuestra cotidianidad, que están aquí.

Vivimos en un planeta que es casi perfecto para nuestro tipo de vida: ni demasiado caliente ni demasiado fría, tomando el sol en sol amablemente, suavemente regado; un girando suavemente, festival de la cosecha verde y oro de un planeta. Sí, y por desgracia, hay desiertos y barrios pobres; hay hambre y miseria trasiego que se encuentran. Pero echar un vistazo a la competencia. En comparación con la mayoría de los planetas esto es el paraíso, y partes de la tierra siguen siendo el paraíso en todos los sentidos. ¿Cuáles son las probabilidades de que un planeta escogidas al azar tendría estas propiedades complacientes? Incluso el cálculo más optimista lo pondría a menos de uno en un millón.

Imagina una nave espacial llena de exploradores para dormir, ultracongelado aspirantes a colonos de un mundo lejano. Tal vez la nave está en una misión desesperada para salvar a la especie antes de que un cometa imparable, como el que mató a los dinosaurios, golpea el planeta de origen. Los navegantes van al congelador sobriamente calculando las probabilidades en contra de su nave espacial alguna vez juntando en un planeta amigable a la vida. Si uno en un millón de planetas es adecuado en el mejor, y se tarda siglos para viajar de cada estrella a otra, es patéticamente poco probable encontrar un tolerable, y mucho menos seguro de la nave espacial, refugio para su carga de dormir.

Pero imagine que robot piloto de la nave resulta ser inconcebiblemente suerte. Después de millones de años el barco hace encontrar un planeta capaz de sostener la vida: un planeta de temperatura estable, bañado en starshine cálido, refrescado por el oxígeno y el agua. Los pasajeros, Rip van Winkle, wake tropezando hacia la luz. Después de un millón de años de sueño, aquí es todo un nuevo mundo fértil, un planeta exuberante de pasturas cálidos y riachuelos de aguas cristalinas y cascadas, un mundo con abundantes criaturas, lanzando a través de felicidad verde alienígena. Nuestros viajeros caminan en trance, estupefactos, incapaces de creer que sus sentidos no están acostumbrados o su suerte.

La historia pide demasiada suerte; que nunca sucedería. Y, sin embargo, no es que lo que ha sucedido a cada uno de nosotros? Hemos despertado después de que cientos de millones de años dormido, desafiando las probabilidades astronómicas. Es cierto que no llegó por la nave espacial, llegamos al nacer, y no nos echamos consciente en el mundo, pero acumulamos conciencia poco a poco a través de la infancia. El hecho de que poco a poco aprehendemos nuestro mundo, más que de pronto descubre que, no debe restar de su maravilla.

No es casualidad que nuestro tipo de vida se encuentra en un planeta cuya temperatura, lluvia y todo lo demás son exactamente correcto. Si el planeta fuera adecuado para otro tipo de vida, es esa otra clase de vida que habría evolucionado aquí. Pero nosotros, como individuos todavía enormemente bendecidos. Privilegiada, y no sólo el privilegio de disfrutar de nuestro planeta. Más, se nos concede la oportunidad de entender por qué nuestros ojos están abiertos, y por qué vemos lo que hacen, en el poco tiempo antes de que cierren para siempre.

 

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