La Consultoría sobre Bioclimática

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Me ha resultado un asunto difícil y controversial recurrir a la consultoría en bioclimática y algunas otras referentes a la sustentabilidad en arquitectura. Empecemos con que rondamos la sentencia aquella que le leí al crítico, curador de la revista española ArquitecturaViva, Luis Fernández- Galiano , que desde hace tiempo decía así:

No hay arquitectura más sustentable que aquella que no se hace.

Esto no dejaba muchas esperanzas al oficio, pero a partir de este punto hemos pasado los arquitectos y muchos otros, a buscar los caminos que hagan del desarrollo, uno más consciente de la problemática actual, misma que entiendo como una emergencia en sus dos acepciones: como emergencia de “emerger” o –surgir a flote– lo que implica un lugar donde estaba sumergida y velada a nuestra vista; y por supuesto, también se entiende como sinónimo de urgencia.

Lo que es sabido es dónde estaban sumergidos los temas ambientalistas: estaban soslayados por una modernidad que creyó haber conquistado el dominio y control de la naturaleza, por lo que se encaminaba a suplir las consideraciones del ambiente por medios mecánico-tecnológicos que se hicieran cargo del confort, desestimándose así las formas –ahora conocidas como pasivas– para procurar el confort y la seguridad del usuario.  Cosas aprendidas de la meticulosa atención en el ambiente del emplazamiento urbano y natural.

En honor a la verdad, hay que reconocer que esta hazaña tecnológica que pretendió tomar control del confort y la seguridad en el ambiente arquitectónico, lo hizo bastante bien, es decir, efectivamente los niveles alcanzados en ambas cosas, confort y seguridad, han alcanzado niveles nunca vistos en la historia de la civilización: la temperatura ideal; la humedad perfecta; la iluminación exacta; la estabilidad estructural… El problema es el coste que se ha venido pagando a cambio que se resume en el efecto del calentamiento global, la deforestación, la desertificación (agua) y la extinción masiva de bio-diversidad.

Después de esta zambullida en la ilusión tecno-utópica, ha resultado hoy imprescindible retomar  las formas pasivas o naturales para frenar una posible catástrofe en ciernes, o por lo menos, no agravar la situación actual.  Así entonces, emergieron las especialidades correspondientes: una de ellas es la bioclimática, pero hay que notar que, sin duda es una forma más avanzada, mucho más especializada, y más tecnificada, por lo que también es mucho más precisa, para hacer lo que se había hecho en la arquitectura desde los tiempos más remotos. Es decir, sabemos que el MEDIO AMBIENTE de un sitio ha sido siempre el FACTOR CLAVE para una solución arquitectónica que se pueda denominar así: arquitectura. Con la diferencia de que la instrumentación que se usaba era desde intuitiva, o un tanto rudimentaria comparada con las actuales donde lo importante puede estar en diferenciales mínimos. Gracias a la tecnología existen hoy maneras mucho más precisas de considerar el medio ambiente. De la misma forma en que la tecnología contribuyó en las ingeniería estructural de la arquitectura con el Hi-Tech, podemos decir que  igualmente, hoy se ha tecnificado la arquitectura en otro sentido que podría denominarse bio-tech (bio-arquitectura, eco-tecnía, eco-arquitectura, etc.)

Como siempre, la arquitectura continua ensanchando su dimensión científica, y su poética siempre encuentra lugar de ser ahí.

Esto se ve implementado en cuatro instancias,  que derivan inmediatamente del método científico:

1. Medición

2. Simulación y Monitoreo

3. Cálculo

4. Suministro –a la medida– (made to order)

1. Monitoreo… (y se reinicia el ciclo)

 Similar a lo que sucede en todo ámbito con la tecnología, y especialmente en arquitectura entre los nuevos medios digitales vs los tradicionales, los arquitectos de generaciones avanzadas, se sienten capaces de resolver ambientalmente sus proyectos aunque sea –a la antigua- y en mi parecer tienen toda la razón. De hecho, cada región demostró a lo largo de la historia, contar con brillantes soluciones ante sus condiciones medio ambientales sin recurrir a mayor tecnología que la observación y la experiencia.

Así entonces, de manera a veces intuitiva, y agregando cierto bagaje de conocimientos generales en lo que al ambiente se refiere; vientos, trayectoria solar, estaciones del años, temperatura/humedad, lluvias, materiales, etc, los arquitectos resuelven sus proyectos, muchas veces con gran certeza. Incluso, algunos casos célebres se han sometido a pruebas y se ha comprobado, por ejemplo, lo fresca y baja humedad que hay en la casa Kauffman de Frank Lloyd Wright, a pesar de estar sobre una cascada. Otras obras igualmente célebres, en cambio, no han salido tan bien evaluadas tras someterse a las pruebas de bioclimática y sustentabilidad. Muchos aspectos como el uso de bombillas altamente consumidoras de energía eléctrica, o la no separación de aguas grises, ni sus tratamientos y reciclajes pueden excusarse pues no existían las tecnologías adecuadas todavía, pero el mero tratamiento diferenciado de las fachadas según la orientación resultan todo un enigma en casos como la casa de cristal de Philip Johnson. Quizás como otros, yo puedo pensar en las explicaciones que la justifican y la hacen merecedora del lugar que ostenta entre las grandes obras de los últimos tiempos, pero bajo las premisas y los instrumentos de la bioclimática actual, aparece como altamente inconveniente. Y así, con la mano en la cintura, llegan los consultores y le dicen a Mr. Philip: NO, that´s wrong. Eso está mal.

Y es aquí donde empiezan mis dudas cuando a la consultoría se refiere. Se me ocurren varios puntos que no veo que los consultores esten manejando adecuadamente.

Primero: Siempre esperan a ser una contratación a posteriori. Es decir, se debe tener ya el diseño terminado para que entonces ellos lo sometan a sus pruebas y manifiesten donde y como deben hacerse los cambios. En mi opinión deberían tener el principal servicio a priori, es decir, antes de hacer los diseños, aunque después se sometan a las mismas pruebas, previendo y previniendo para que los cambios y ajustes posteriores sean los menos posibles.

Segundo: sea cual sea la propuesta, siempre tendrán un INCONVENIENTE AMBIENTAL, y también, un RECURSO o ESTRATEGIA que aliviará el proyecto gracias a su intervención. Esto se encadena con lo anterior ya que en la mayoría de las ocasiones, si no es que en todas,  existen recursos o estrategias arquitectónicas que ayudan a disminuir o evitar algún inconveniente ambiental, y se pasa entonces a la ponderación entre efectos, costos y preferencias para tomar una decisión entre ellas. Si existe casi siempre una forma de salir avante con el diseño ambiental ¿por qué parece que adoptan siempre una actitud negativa ante las propuestas menos lógicas? Me parece que no podemos reducir la arquitectura a las soluciones que están más directamente emanadas de la lógica bioclimática pues todas las propuestas serían las mismas, y solo cambiarían por la ubicación geográfica dentro del globo terráqueo. Esto sería razonable y por lote tanto, poco humano.

Tercero: Por ende, es evidente que los consultores no hacen sus consideraciones bajo la premisa de que existen también, otras consideraciones que igualmente son importantes dentro de un proyecto arquitectónico, ya que este es entendido con una naturaleza integral, u holista, donde la ponderación de todas los factores importan. Los factores estéticos y los motivos plásticos son los que se soslayan con mayor frecuencia, o de lo contrario simplemente se tachan de superfluas.

Cuarto: y muy importante, no tienen bien y claramente establecidos los productos, servicios y beneficios que se se obtendrán por su costo. 

Un ejemplo es el siguiente: En un desarrollo urbano residencial que se hace en una ciudad del trópico mexicano se ha hecho un planteamiento donde el 80% de los lotes tienen su frente y posterior en orientación Norte-Sur. El ancho obliga a que las casas queden prácticamente adosadas una a otra en sucesión. El restante 20% quedó Oriente-Poniente. A estos lotes se les considera menos convenientes pues tendrán gran incidencia solar por las mañanas y tardes sobre sus fachadas frontales y posteriores. Un consultor tuvo a bien indicar que ese 20 por ciento estaría mucho más beneficiado cuando el lugar sea visitado por un huracán, y en cambio el 80 por ciento de las casas se vería severamente afectado por los vientos enfurecidos a través de sus ventanales, frescos y amplios, del norte. Pero es también, una evidente observación empírica, que solo el 20 por ciento de las casas tendrán el beneficio de los vientos alisios, o dominantes. Es decir, a cambio de un mejor asoleamiento (dando hacia norte y sur, y evitando oriente y poniente) se obstaculiza  la mejor ventilación. Así están plagados los proyectos de ejemplos, donde se tiene que  aceptar que estamos en un constante discernimiento entre alternativas con casi iguales ventajas que desventajas.

Esto nos lleva a concluir que el planteamiento idóneo es un intercambio de situaciones ideales por alternativas que incorporan recursos o estrategias adicionales al proyecto. Lo cual puede entenderse también como que no hay solución idónea, cuantimenos perfecta, sino unas que son un tanto mejores que otras en medidas que pueden ser muy pequeñas, pero muy significativas para el medio ambiente.

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