FE y FATALISMO / FAITH & FATALISM 

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Este fin de año descubrí un patrón anímico. Más precisamente, un común denominador en las expectativas del Mundo entre las personas que rodean nuestro núcleo familiar, y que se reúne en fiestas decembrinas, que cabe enfatizar, se trata de festividades de tradición especialmente religiosa, cristiana en particular.
La peculiaridad encontrada es “el fatalismo“: una visión pesimista y decadente de nuestra realidad. En realidad no había encontrado el término de fatalismo hasta que lo leí en un texto de Steven Pinker en Edge.org (Human Progress Quantified).
Siendo honesto, quizás tampoco es una casualidad que recurra a las lecturas de Pinker, quién tras escribir The Better Angels of our Nature, resulta ser de las pocas voces que suenan más esperanzadoras de hoy en día, aunque solo sean realistas.
Lo que no debería resultarme tan extraño es que estas voces fatalistas provengan en su mayoría de quienes tienen su esperanza cifrada en un ente perfecto como Dios, y que por lo tanto, lo humano les resulte tan poco esperanzador, e incluso, les provoque mayores desconfianzas que otra cosa.

¿De qué sirve un dios si eso va a significar la desconfianza en nuestra especie?

Ok, es cierto, los humanos nos hemos equivocado mucho y hemos cometido terribles acontecimientos a lo largo de nuestra historia, pero hasta un supuesto padre podría estar orgulloso de lo que su hijo, sin más ayuda que ninguna, ha llegado hasta este punto. Así sea este punto la civilización que tenemos hoy en día, en donde sabemos muchas cosas, y no sabemos muchas más, teniendo en cuenta incluso, que nunca las llegaremos a saber.

Pinker señala:

Una creencia común entre los activistas es que cualquier dato optimista debe ser suprimido para no adormecer a la gente en la complacencia. En su lugar, hay que mantener el calor por lamentos sobre las crisis en curso y regañando a la gente por estar insuficientemente aterrorizada. Desafortunadamente, esto puede conducir a un peligro complementario: el fatalismo. Después de que se nos dice que la pobreza siempre va a existir; y que los dioses castigarán nuestra arrogancia; y la naturaleza se levantará y se vengará de nuestro despojo; y  que el reloj está inexorablemente marcando la hora última de una medianoche de holocausto nuclear y de catástrofe climática… es natural concluir que la resistencia es inútil y deberíamos festejar mientras podamos. La poderosa figura de una gráfica que invita a identificar las fuerzas que están empujando una curva hacia arriba o abajo, nos llevan a empujar aún más en la misma dirección.

Se encuentra así que tener fe, irónicamente, puede significar tener pocas esperanzas en nuestro Mundo, en contraste con quienes pueden tener confianza en que hombres, mujeres, jóvenes, filósofos, artistas y científicos, podrán encontrar la brecha más conveniente para conquistar un futuro más prometedor en este Mundo. Ya que, obvia decir, ese futuro prometedor está garantizado para los creyentes, pero no en este, sino en otro mundo más allá. Lo que me hace pensar, metafóricamente claro, en ese supuesto padre que solo nos ha estado mirando, y como va a recompensar a los esperanzados y optimistas que hacen mucho más por el futuro, que aquellos fatalistas creyentes en una recompensa en otro lugar, desestimando las acciones de los otros.

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