El Universo en 4 minutos

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NO es la Fundación, pero es su fundamento

O pudiera decirse: No es el Teletón, pero es el Teletón…

Habíase una vez, un bonito país que se creía tener niveles de generosidad filantrópicos muy altos, pero que sin embargo, seguía teniendo una cantidad de pobres, y una diferencia de clases cada vez más grande… ¿Cómo es eso? Claro: a mayor desequilibrio social, mayor necesidad de mecanismos sociales como este.

Parecería obvio decir que la filantropía no es una cosa mala, pero la verdad es que lo bueno sería que no tuviese que existir. Es decir que su existencia es la evidencia de que las cosas no están bien. Claro, una vez en esa situación, la filantropía parece algo muy, muy, bueno.

Sucedió también en ese bonito país, y seguramente en mucho otros, que sus niveles de generosidad filantrópica fueron declinando —y curiosa pero comprensiblemente—, en ritmo y proporción similar al aumento de la corrupción descubierta. No son fenómenos inconexos, al contrario, la desconfianza en las instituciones desincentiva actitudes altruístas como la filantropía. Así lo demuestran las muchas críticas contra el Teletón, entre otras fundaciones, que a veces rayan en teorías conspiracionistas.

Pero, por más que sean leyendas urbanas, la realidad es que más que orgullo, la existencia de grandes fundaciones filantrópicas, tan grandes y eficaces, deberían avergonzar.

¿Cómo?

Sí. Es una vergüenza porque son la evidencia de que estas sociedades no han atendido la pobreza y la desigualdad, que son la cuna de las discapacidades humanas, desde siempre. Especialmente es culpa de sus gobiernos, quienes tienen la responsabilidad de la SALUD de la población, pero que en cambio ha funcionado como facilitador de sistemas oligarcas, a quienes les ha importado poco, la salud de la población.

Sería una vergüenza también, que se conformaran a decir que es una especie de mal necesario. Aunque más precisamente, son como un bien, consecuencia de un mal ¡totalmente innecesario!

Resulta vergonzoso, e insultante también, que con una inocencia que raya en lo naive, se diga con orgullo que es la gente pobre la más generosa y altruista en los eventos de colecta, arrebatándoles la torta del día de mañana, con persuasión mediática, mientras los responsables se rascan la panza, donando lo equivalente a un grano de sal del condimento en su desayuno, aplazando demagogicamente, las sesiones legislativas indefinidamente.

Y sin embargo, no es la fundación. Ni la evasión de impuestos, ni la opacidad en la aplicación de los recursos… es el vergonzoso germen causal de las discapacidades en la población, que  radica en  la negligencia política, y la indiferencia clasista.

Voy a decirles lo que está mal del Teletón, y no es la fundación en sí, sino lo que motivó y mantiene aún, su existencia.

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— A mí me interesa hacer buen negocio, dijo el empresario.

A mis amigos empresarios, hombres y mujeres de negocios les haré una encarecida recomendación, sin tener la más mínima autoridad para ello. Sin embargo, no hace falta saber mucho de economía y negocios para saber lo mal que se oyen en una conversación barbaridades como estas…

— A mí me interesa hacer buen negocio — y continuar con lo que entienden como buen negocio — necesitamos encontrar gente con la necesidad y urgencia de vender para conseguir un precio bajo, y después podamos vender a precio de mercado, o mayor.

Recomiendo no decir cosas así pues se corre el riesgo de ganarse un término que existe para personas con estas prácticas, y que es el de OPORTUNISTA; que a su vez dícese del que practica el OPORTUNISMO. Esto pudiera hacer pensar a cualquier interlocutor, o audiencia, que se tiene una idea del mundo de los negocios reducido a cosas como las que he escuchado también por ahí…

— En este mundo hay dos tipos de personas, las tontas y las inteligentes. — para rematar con — O sea, las que compran caro y venden barato, y las que compran barato y venden caro.

U otras finuras, no menos elevadas, como…

— A mí no me interesa negociar con gente que no esté en apuros y necesitada. A mí encuéntrame a quien esté urgido por rematar sus propiedades.

Sería iluso tratar de tapar el Sol con un dedo y negar que este criterio del oportunista caracteriza en buena medida al supuesto hombre o mujer de negocios en nuestros días, que fuera de buscar un rendimiento en base a los valores agregados o en lo competitivamente mejor, recurre en cambio, al desamparo y penuria de algún otro para aprovecharlo como la “inteligencia de negocios”.

El problema es que impera la ley del menor esfuerzo como si fuera parte de la definición de negocio, cuando el prefijo nec que antecede a otium, significa que es lo contrario. Y bueno, la actividad se reduce a la labor de la búsqueda del presunto en desgracia.

Ok, de acuerdo. Es una forma de hacer negocio pero si es así, solo no lo manifiesten tan abierta y descaradamente, ¿no creen?

Yo soy idealista, pero entiendo como el buen negocio a ese capaz de dar buenos rendimientos por el plus que representan los valores en sus transacciones, ya sean productos o servicios, y que se logra abrir buen camino en los mercados de cualquier tamaño y condición. Pero eso… eso es mucho más difícil.

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Batalla perdida, o misión cumplida

Hay que ver la cantidad y cualidad de vicisitudes suscitadas en un breve lapso trabajando en una obra con tiempos apresurados. Los errores versus los horrores, de atención unos y de personalidad otros, que mantienen o expulsan a un miembro, que cuando menos era entusiasta.

No voy a mentir, soy responsable, consciente e inconsciente, tanto de esos errores como de los horrores, pero tampoco he de sentirme el Judas o que fue como mi Waterloo.

Todo parece indicar que lo que fue un error, consciente y de personalidad, fue el haberme tomado como términos de contratación, únicos y definitivos, los términos verbales expuestos por el director general de la empresa que me solicitó personalmente. Pensé que se justificaba hacerlo, consciente y vehementemente, pues eso era la razón por la que el trabajo me atrajo, y por las que acepté el compromiso del puesto a ocupar.

Verbalmente recuerdo que tales términos fueron estos:

Necesitamos a alguien con la capacidad de dar soluciones con sentido y buen gusto arquitectónico, impromtu e in situ’. (En sitio y el momento).

Y así me dispuse, sin prever que tal cosa resultaría problemática con las piezas que estaban encargadas del diseño a priori en el equipo, pero sobretodo con el franco, brutal e irremediable encontronazo de trenes que los egos y las personalidades estaban por detonar.

Se manifestaron diversas cosas antagónicamente:  Read More