Batalla perdida, o misión cumplida

Hay que ver la cantidad y cualidad de vicisitudes suscitadas en un breve lapso trabajando en una obra con tiempos apresurados. Los errores versus los horrores, de atención unos y de personalidad otros, que mantienen o expulsan a un miembro, que cuando menos era entusiasta.

No voy a mentir, soy responsable, consciente e inconsciente, tanto de esos errores como de los horrores, pero tampoco he de sentirme el Judas o que fue como mi Waterloo.

Todo parece indicar que lo que fue un error, consciente y de personalidad, fue el haberme tomado como términos de contratación, únicos y definitivos, los términos verbales expuestos por el director general de la empresa que me solicitó personalmente. Pensé que se justificaba hacerlo, consciente y vehementemente, pues eso era la razón por la que el trabajo me atrajo, y por las que acepté el compromiso del puesto a ocupar.

Verbalmente recuerdo que tales términos fueron estos:

Necesitamos a alguien con la capacidad de dar soluciones con sentido y buen gusto arquitectónico, impromtu e in situ’. (En sitio y el momento).

Y así me dispuse, sin prever que tal cosa resultaría problemática con las piezas que estaban encargadas del diseño a priori en el equipo, pero sobretodo con el franco, brutal e irremediable encontronazo de trenes que los egos y las personalidades estaban por detonar.

Se manifestaron diversas cosas antagónicamente: 

El Ego Autoral

Por un lado hubo una repulsión gradual ante la idea de la integración de un agente nuevo y externo a la compañía, que además se creyese tener la autoridad suficiente en el diseño de la obra en cuestión. ¿Qué tanto se justificaba esta pretensión con los términos verbales de contratación? Al menos un poco, creo yo, pero como ya dije, fueron edicto, ley y meta para mí.

Por el otro lado, el mío, claro que lo percibí, y en una charla casual con los miembros del equipo encargados del diseño, cuestioné qué tanto estaba su firma dispuesta al ‘diseño colaborativo’. Y aunque no hubo una respuesta negativa, ni concisa, la verdad es que el celo de proyecto floreció y se hizo patente.

Hasta puedo comprenderlo y no los culpo, quizás yo mismo reaccionaria así pues me reconozco con los mismos vicios y defectos. Solo que esperaba que ellos no los tuvieran, o que los superaran. Creo que uno de ellos lo hizo, pero en la mayoría no fue así. Yo… Yo seguí apegado a los términos originales.

Ciudad vs Pueblo

A esta ya complicación, se sumó otra. Dentro de los complejos y traumas, que seguramente son tan míos como de una generalidad abrumadora, hay algo en la actitud de aquellos provenientes de la ciudad capital que provoca cierta animadversión en las diversas localidades. Quiero pensar que fui víctima, como en otras ocasiones similares, de este sentimiento cuando me pareció que había cierta subestimación por las capacidades locales -la mía entre estas- como de una sobreestimación propia de los venidos de la gran ciudad. Como si bajaran del primer mundo a iluminar el tercero, haciendo además gran cantidad de comentarios peyorativos del pueblo miserable al que llegan, como si ‘pueblo’ fuera algo peyorativo y ‘ciudad’ fuera lo contrario, cuando es obvia la falacia.

Yo… Yo seguí apegado a los términos originales. Y esto, cada vez gustaba menos, hasta que se rompió con la tensión. Finalmente, me dieron las gracias diciendo algo que parece toda una batalla perdida en Waterloo; lamentamos que no haya funcionado.

Hoy confieso que, habiéndolo meditado un tiempo, me enorgullece la tenacidad o necedad en apegarme a los términos originales, puesto que lo otro hubiera significado una derrota real, y peor que la batalla de Napoleón perdida en Waterloo. Véase lo que hubiera sido:

Primero hubiera tenido que someterme a la autoridad de un compa que desdeñaba todas mis sugerencias en automático, y que para ser tomadas en cuenta buscaba yo saltarlo. Algunas veces con éxito.

Y segundo, hubiera tenido que olvidar los términos originales quedando sin sentido mi aceptación del puesto.

Parece que para este equipo, yo hubiera sido más ‘funcional’ si me limitaba a solo hacer lo que se me indicaba; haciendo intensas revisiones de planos, contrastándolos entre sí, haciendo listas y reportes de obra… ¿Y los términos originales? ¿Esos términos donde se requerían los conocimientos y las habilidades creativas? No, parecería confirmarse que la verdad era que los equipos de arquitectura no son afectos a compartir esa misión. Si hacer todas estas cosas hubieran sido los términos por los que se me solicitaba, yo no hubiera aceptado el puesto en principio.

Dejaré aquí tres breves ejemplos de los muchos que tuve oportunidad de experimentar en los escasos cuatro meses de ocho que se supusieron, y así se pueda juzgar qué tal me apegaba a los términos originales…

UNO. La Prueba

Con este ejemplo se me ocurrió hacer una prueba para saber qué tan alejado estaba yo, y mis ideas en diseño, para ser compatible o no, con la línea del despacho que me contrató.

Tras una falla de trazo en un espejo de agua a la entrada de una suite presidencial, las piezas de mármol perimetral no ajustarían a la modulación original. Había entonces que hacer un ajuste: Tras su error, el contratista hizo una propuesta, la más obvia, y entonces yo procedí a hacer una distinta para que quien decidiera tuviera más opciones. Tras ver mi propuesta, y sin haber visto la del contratista, el responsable venido del despacho la desacreditó diciendo que estaba muy rara. y entonces hizo su propia propuesta, misma que era muy similar a la del contratista. Entonces, por mi cuenta y por separado, sometí a juicio las opciones entre los otros proyectistas, incluyendo al director general del despacho, resultando preferida la que yo había sugerido y que él había desdeñado. No dije nada más, y se hizo la que él quiso, ya que en realidad no es que la suya estuviera mal, pero yo pude constatar que, lejos de lo que dijo -es rara-, mi idea era lo suficientemente compatible con la línea de diseño del despacho. (Yo ajustaba con piezas especiales en las esquinas, esquema de la derecha fig.1)

DOS. Negación vs Mala Solución

Con este ejemplo, me di cuenta que preferían dejar una mala solución, que permitir la posibilidad de aportaciones ajenas a ellos mismos.

En la misma suite se planteó una terraza en la azotea para la cual, hay que subir por unas escaleras que, sin embargo, carecía del planteamiento de apagadores para el encendido y apagado de su iluminación nocturna. De subida era fácil y obvia la colocación del apagador en el muro al arrancar la escalera, pero en la parte superior, al no existir muro, se presentó un problema a resolver, ¿dónde colocar el apagador sin que quedará demasiado bajo en el pretil pero lo suficientemente accesible?

Se me ocurrió sugerir un poste de la altura suficiente en donde integrar el apagador. Forrando el poste igual que los otros postes colocados ahí mismo, y rematado arriba con una pieza de mármol boleada y terminada como las del piso. Este poste estaría sin estorbar a un lado del pie de la escalera justo donde se esperaría que estuviese el apagador cuando alguien se aproximara a bajar la escalera. Bueno, pues en una inexplicable decisión, el enviado del primer mundo dispuso desdeñar, por extraña y rara mi idea, para colocar este apagador en el muro más cercano a más de 5 metros de distancia de la escalera. Extraño no será que un día ocurra un accidente ahí, puesto que más de una persona se tomarán el riesgo de bajar a oscuras que ponerse a buscar un apagador que se encuentra en algún lugar, siete metros atrás. (fig.2)

TRES. La Ira

Con este ejemplo se confirmaron muchas cosas, una de ellas fue que le era imposible aceptar que yo hubiera podido tener la razón en algo, pero sobre todo que no se sentía cómodo con los términos bajo los cuales yo había sido contratado y que me estaba tomando muy en serio.

Fue una especie de ping pong donde una solución fue y vino, para terminar como estaba originalmente, cosa que había sido mi primer respuesta; déjenlo como está en proyecto. Es decir, defendiendo el proyecto original hecho por ellos mismos.

Por una mala instrucción superior, se dijo que los cuartos muestra eran la regla a seguir para todos los demás. Digo que mala, pues también se estarían llevando errores que se cometieron en su construcción, hacia las demás cuatrocientas y tantas habitaciones que faltarían por construir.

Sin embargo, por esa instrucción, la dirección de calidad me solicitó un boletín para hacer el cambio del despiece de piso texturizado en la ducha del cuarto tipo. Cuando vi esto, fui amable pero renuente, pues hacerlo implicaba no sólo contradecir el proyecto original, sino acarrear ese error de construcción en el cuarto muestra hacia las demás. No obstante insistían, por lo que hice el boletín pero les pedí que lo pensaran bien. Esto le pareció al enviado del despacho que desobedecía lo que nos solicitaban y entonces me llamó la atención. Cometí la descortesía de dejarlo hablando solo, pues me parecía fuera de lugar, ya que había yo cedido a la insistencia y pasado ese boletín hacía un rato.

Pasó después que cambiaron de opinión, y prefirieron regresar a lo original.

Entonces, (esto es lo más representativo), me pidió que lo re-hiciera, y al momento de preguntarle qué era lo que sucedía, antes de decir tenías razón, me respondió que yo no había sido contratado más que para seguir instrucciones, a lo que le respondí que no, que no habían sido esos los términos de mi contratación, y entonces estalló en ira, haciendo un berrinche que duró hasta que logró por algún medio, dos meses después, mi separación del cargo. Ya para entonces, le había dirigido una misiva nada cordial expresándole mis quejas e ideas de su persona, que ofendió especialmente por llamarle ‘Juan Camaney’, personaje que todas se las sabe, y que tanto me recordaba. Ok, mea culpa.

Finalmente, recordando aquella lectura que habla sobre los desempeños que tienen las personas según atienda un trabajo mecánico o un trabajo creativo, me vi inmerso en ese tipo de tareas en las que suelo cometer errores. En realidad no sé si son cuantitativa y cualitativamente mucho mayores que la media, y tampoco sé si se deben a una falta de motivación y concentración, o son una especie de sabotaje psicológico que tengo, pero para quienes buscaron un pretexto, ahí se pudo encontrar mi supuesto Waterloo.

Quizás sí, efectivamente puedo considerarlo como la batalla de Waterloo, pero resulta que yo estaba en las filas inglesa-prusianas, y no en las de Napoleón 😀

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