Luis Barragán; ¿arquitecto o diamante?

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Las críticas que ha generado Jill Magid, artista conceptual estadunidense, por su popuesta de proyecto al Sn Francisco Institute, de repatriar el archivo Barragán poseído y resguardado sin mucha exposición, por Vitra en Suiza, son increíbles. Lo controversial de su idea es la moneda con la que propone realizar la operación: un diamante hecho de las cenizas exhumadas del arquitecto. Véanse, entre otras, las historias completas en el artículo del New Yorker, y un par de reacciones: en Arquine y de Juan Villoro.

[Se suma el artículo de Cuahutémoc Medina, curador de del MUAC con el que estoy de acuerdo.]

La controversia se suscita entre los valores dispares que se les suele otorgar a cada uno de los ámbitos a los que pertenecen; uno es el de la arquitectura, donde Barragán representa una de las obras y legados al campo más sublimes y valorados por el estatus quo cultural, y por el otro lado, el ámbito simbólico de las joyas que a veces también es considerado como materialista, elitista, y hasta superfluo. Especialmente los diamantes en sortija.

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¿Cómo es posible equiparar a una persona de tan grandes valores con un vil diamante? ¿cómo es posible equiparar una joya con un ser humano, para empezar? ¿Quién se creen que son estas personas que creen tener el derecho de transformar una persona en una cosa?… y otras exclamaciones (sin sentido) parecidas.

Es relevante notar que la elevada dosis de romanticismo es patente tanto de uno como en el otro. Empezando por el hecho simbólico de intentar depositar un significado muy poderoso a través de un objeto, y el cursi absurdo del otro lado de creer que ahí está la persona “Luis Barragán” en lugar de, solo y puramente, una piedra que simbolizaría su legado documental. En la intención se generó la controversia, pues se intenta intercambiar en equilibrio: restos de una persona por unos restos documentales.

Mientras algunos lo podrán considerar una especie de sacrilegio, otros lo podrán considerar como un especie de ritual, o conmemoración fantástica. Cómo happening está fabuloso. Pero la cosa nos da mucho que reflexionar, como por ejemplo en los puntos en los que algunos lo consideran ofensivo socialmente hablando, ya que suponen que en una escala de valores socio económicos, Barragán representa austeridad arquitectónica, y un diamante representa un exceso (lujo) innecesario en nuestra desequilibrada sociedad. En realidad, Barragán era más un místico que un activista social. Su arquitectura no era exactamente barata y dirigida a solucionar problemas de justicia social. Aquí vemos una, equivoca, asociación entre austeridad estética y conciencia social.

Esto no hace menos lo sublime de la obra, intención y significado del legado de Barragán. Pero no confundamos la magnesia con la gimnasia.

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