EL BAÚL DE LAS INDULGENCIAS

Cuento Al Viento

TEMA PRINCIPAL:

La indulgencia y la contrición. Indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, que no perdona el pecado en sí mismo, sino que exime de las penas de carácter temporal que de otro modo los fieles deberían purgar. Contrición es el dolor de haber ofendido a Dios, por el amor que se le tiene.

GLOSARIO:

El Pecado: mi estupidez.

La Pena: La distancia (el bloqueo).

Fieles: yo, el soldado, el truhan.

Dios: la nobleza de nuestras conciencias.

PERSONAJES:

El Truhan: el soldado

La Divinidad: la divinidad, tú.

CAPÍTULOS:

Uno. Lo Importante

Dos. Lo Bonito

DISCLAIMER:        Este escrito se encuentra exento por completo de ofensa, reclamo, exigencia o cualquier otra cosa que no sea un sincero y cariñoso acto de contrición.

SINOPSIS:           Rezan las escrituras de la existencia de un antiguo fiel, cuyo oficio de vil soldado hizo que su desconsuelo se lograra convertir en el pecado de ser un vulgar truhan, y que con esto se ganara la exclusión de la divinidad. Este es el relato de su acto de indulgencia y de contrición que, dentro de un baúl, enterrado y escondido como tesoro pirata, en alguna playa de la Selva… hiberna por la eternidad.

Capítulo Uno.

LO IMPORTANTE

Lo importante es que pasados los infortunios, muchos y de innombrable naturaleza que el soldado cometió, se presenta al fin ante el templo de Delfos para realizar su acto de contrición, pidiendo el perdón por cada uno de sus pecados, enunciándolos en una larga y dolosa lista: pide perdón por no haberse permitido amar tanto como él fue amado. Pide perdón porque este gran amor lo sintió a destiempo y desfasado, cuando ya todo estaba perdido. Pide perdón por no haber valorado a tiempo el inmenso tesoro del amor que se le ofreció. Pide perdón por no haber sido más cuidadoso. Pide perdón por no haber tenido la valentía de advertirlo antes. Pide perdón por no haber podido controlar su angustia y desesperación. Pide perdón por la gran cantidad de calamidades que promulgó sin razón. Pide perdón por la transición de la tristeza a la ira que pronunció. Pide perdón por su estupidez. Pide perdón por haberse dado por vencido en alcanzar esas virtudes que serían dignas de la divinidad.

Capítulo Dos.

LO BONITO

Lo bonito es que a pesar de los sentimientos encontrados, el soldado a veces con rabia, a veces con furia, a veces en total desasosiego, y a veces ya resignado, nunca olvidó a su divinidad. Esencialmente en cada día especial. Así, el soldado se dispuso en cada uno de esos días a conseguir una ofrenda para su divinidad omnipresente en signo de una súplica en pos de la indulgencia divina, y que fue reuniendo dentro de un baúl hasta abarrotarlo. Y ahí están las ofrendas de navidad, de año nuevo, del día del amor, del día de su cumpleaños, del día de las madres, y del aniversario. Ahí están las ofrendas sin indulgencia.  Ante la imposibilidad de conectar más a su divinidad, el soldado hizo un mapa con una cruz que señala el lugar en una playa de la Selva en donde se dispuso a enterrar su más valioso tesoro. Pensó que debía parar. Y paró pero no olvidará. Lleva en el corazón el consuelo de haber realizado su contrición aunque no la indulgencia.

A partir de entonces, una armonía espiritual ha suplido los resentimientos que reconoce haber albergado, y hasta el dolor haber disipado al grado que, aprendida la lección divina intenta alegremente aplicarla al episodio en curso, sabiendo que su dimensión solo podrá llegar a ser… terrenal.

FIN

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