Mujeres que acusáis al hombre con razón; vengan por mi.

Mi nombre salió en las denuncias del MeToo y he decidido usar el mismo canal para responder: anónimamente. Por ende tampoco diré quien creo que me acusa.

En realidad podrían ser muchas, pues lo he hecho muchas veces. Pero tampoco he sido el más agresivo. Es decir, mi conducta cae dentro de las más pasivas e inocuas desde una perspectiva legal. Jamás he violado, tocado, forzado o violentado a nadie, nunca. Mi acoso ha sido la típica ‘galantería’, hoy en día tipificada como un crimen machista, y yo estoy de acuerdo. Incluso aquí, he sido de los moderados. Caramba, en esto no he podido sobresalir.

Pero reconozco que antes lo hacía sin saber, así, normalizado como se sabe. Ahora lo hago consciente de la situación, a pesar de saber que muchas y muchos lo consideran malo. Y sobre todo, a pesar de creer en la igualdad de género, absolutamente.

Quizás por eso, por creer tan nítidamente en la igualdad de género, me parece que ambos géneros (y toda la gama entre ellos) son capaces de ser igualmente malos y perversos a voluntad, siendo víctimas por igual de una pulsión natural en nuestro más remoto ser. Me sorprende en cambio, la maldad infinita de imponer la represiva bondad y creerse seres trascendidos de su propia humanidad.

No señores, (y señoras), no siento la necesidad de disculparme, ni excusarme, ni evadirlo siquiera. Si quieren un culpable aquí estoy. Bellas, guapas y sabrosas mujeres que acusáis al hombre con razón; vengan por mi.

Tampoco me arrepiento, pues de 1000 intentos 500 habrán resultado en experiencias satisfactorias: maliciosamente benditas. Casi ninguna llegó al acostón, y ni siquiera al acercamiento de los cuerpos. La mayoría acabaron en un mutuo intercambio de miradas, constantes y busconas. ‘Me gustas’ o ‘likes’ para nuestras enfermizas almas sexistas, y sexuadas: ensoñaciones eróticas, o vulgares calenturas. Una que otra, muy pocas pero muy apreciables, decantaron en lo romántico, y algo más.

Ni la edad, ni el poder laboral me significaron barreras, tan solo los derivados de la infame máxima del peso reglamentario. Algo que afortunadamente hace diferente a la mujer madura. Tuve la suerte circunstancial, de resultar un hombre interesante, y extrovertido también a una edad avanzada, por lo que todo este comportamiento maligno se ha desenvuelto con mujeres mayores de edad, aunque pueda haber gran diferencia en edades. Mis ‘40 y 20’ los viví a los 45-25, y a los ‘50-30’.

Alguna vez, mi posición en el trabajo y la escala social me sirvieron como ventaja en el cortejo, pero en el devenir de las historias, han llegado a ser iguales o mayores los favores y apoyos que obtuvieron (y obtienen aún) de mí, que cualquier tipo de retribución sexual a cambio.

Sin embargo, si quieren un monstruo confeso, ese soy yo. No necesito exonerarme. Soy un hombre que ha vivido aprovechándose de una sociedad enferma, en vías de hallarse una cura, aunque no creo que esa sanación pase por la negación de los instintos y de la inercia tradicional y socio-antropológica… o algo así.

No se entienda como una banalización del mal, ni como la más mínima intención de trivializar el problema que mantiene a las mujeres en precarias, deplorables y lamentables desventajas, en violentado derecho a la pacífica supervivencia. Lo menos que necesitamos es negarlo como queriendo tapar el Sol con un dedo. Como si pudiera igual taparse con un dedo aquel vestido minúsculo que confesó aquella mujer usar para llamar mi atención. Cometido bien logrado. O aquella igualmente confesa turbadora emoción que provoqué al recorrerle con la mirada, detenida y lentamente, de pies a cabeza. Se excitó tanto que me lo agradeció.

Al igual que todas nuestras discriminaciones, sé que nace en lo estético… no es el color, la raza, la cuna, ni la procedencia… es de la belleza o su carencia, o de lo que se cree que es bello, de lo que depende si una circunstancia termina en una denuncia, o en una historia de gran emoción.

No es justo, lo sé. Por cada mirada mía mueren 10 mujeres. No pienso dejar de mirar pero no me voy a justificar con tonterías. No soy bueno, pero los que dicen que sí, tampoco.

*No es cierto, mi nombre no está en esas listas.

** El personaje es ficticio, no se trata de mí.

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