El Impasse que divide todo lo que fue de lo que será

Anécdota 1. Afuera de la Caja. El lugar en el espacio.

Empezaré por platicarles de una vez que fuimos a acampar en un llano semi desértico. Cuando llegó la noche y contemplamos el cielo nos dimos cuenta de que estábamos realmente afuera. Afuera y lejos de la urbanización que con sus luces nos impide ver ese espectáculo tan grandioso del Universo. Ese espectáculo donde vivimos y estamos sin darnos cuenta siquiera. Ahí, ahí afuera se piensa mejor el adentro de la urbe, y a eso justamente se le conoce como pensar afuera de la caja.

Esto es una analogía con referencia al lugar, o sea, al espacio, porque el espacio en el que predominantemente vivimos los humanos es el de las ciudades. Esa parece ser la caja, y las estrellas sin duda, están afuera de la caja.

Anécdota 2. El tiempo, y el cambio de era.

Por otro lado, les platicaré que llegado cierto momento del día, mi abuelo solía decir —alto, parece que ya rompió el día. —todos sabíamos bien a lo que se refería, pero por si había dudas, él continuaba— a partir de ahora, una cosa es lo que fue, y otra lo que será. Mi abuelo se refería a la hora en que se daba así mismo el permiso para beber una copa de whisky. Sin embargo, no puedo dejar de recordarlo ahora que, a partir de los inicios del 2020, el Mundo, la humanidad y su civilización en él, se encuentran en una especie de impasse entre un tiempo anterior y el que le sigue, donde se dice que una cosa será lo que fue, y otra cosa será lo que venga después.

Esto es un parte aguas en el tiempo al que unos ya están denominando como un cambio de Era. Un AC/DC como antes y después de Cristo, pero ahora con Coronavirus en lugar de Cristo. En Junio hemos entrado a recorrer el primer año DC (después de coronavirus).

Esto es una referencia al tiempo, que se une a un espacio afuera de la caja, pues estamos justo en la línea que divide —como decían los Enanitos Verdes— todo lo que fue de lo que será. O sea, que también es una especie de estar afuera del tiempo en donde podemos mirar ambas partes: el pasado y el futuro.

Aquí, en este breve lugar afuera del espacio y del tiempo, es donde nos toca re-pensarlo todo: la humanidad y su civilización, empezando por sus ciudades y sus arquitecturas.

Pero ¿debemos repensarlo todo desde cero?

A pesar de que a los arquitectos siempre nos ha gustado pensar que todo es posible de resolverse con arquitectura, de Edgar Morín, ese filósofo francés montado en los hombres de otros tantos, aprendimos que los grandes retos rebasan las capacidades de los ámbitos o esferas en los que hemos dividido la realidad, y que en un convencionalismo muy general es: lo natural y lo humano. Pero que en un segundo desglose puede ser: lo natural, lo social y lo técnico. Y así sucesivamente en un siguiente desglose puede ser: lo natural, lo social, lo económico, lo cultural, lo político, lo técnico, y lo individual.

Lo que los filósofos nos dicen es que nunca debemos perder de vista el conjunto: la caja principal; el cuadro completo. La pintura Guernica de Picasso entero, que por eso mismo es que debemos tomar una distancia especial para poderlo contemplar y comprender en todo su esplendor.

Nada más cierto que esto. En lo particular los arquitectos lo sabemos bien de dos formas. Primero, lo sabemos porque lo nuestro es un subconjunto, o sub-campo de cada una de esas grandes esferas con énfasis en lo cultural y técnico, aunque debemos, o deberíamos, considerarlo todo por igual. Y en segundo lugar, sabemos bien que la magia de la arquitectura no es la simple suma de las partes, sino que en su especial combinación surge algo mayor que solo una sumatoria, por lo que no puede quedar reducido al conteo de partes (como decía otro filósofo francés, Jean Francoise Lyotard).

Pero ¿por qué tenemos que pensarlo todo y no nada más la parte que nos corresponde? Pues lo debemos hacer así porque sin pensar el todo, la fracción siempre quedará mal pensada. Lección uno de diseño básico: todo elemento queda determinado por el marco contextual en el que se encuentra.

Por ejemplo, si queremos empezar con la casa de interés social, antes de trazar líneas y resolver espacios dentro de lotes minúsculos a los que se han venido asignando, en las reservas lejanas periféricas donde se adjudican, deberíamos repensar lo que significa “interés” y lo que significa “social”, y lo que significa que se pongan juntas esas palabras formando “interés social”. Incluso, a la hora de enfrentar el programa arquitectónico para una casa tipo familiar, deberíamos repensar que significa “casa”, que significa “tipo”,  que significa “familia” y que significa que se pongan juntas esas tres palabras en un tiempo y espacio para el año uno DC (después de coronavirus).

Utopica o timidamente

Pongámonos de acuerdo primero en una cosa: ¿Cómo debemos repensar cada esfera (o ámbito) desde afuera de esta gran caja?  ¿Cómo debemos repensar lo natural? ¿Cómo debemos repensar lo social? ¿Cómo debemos repensar lo técnico, lo económico, lo cultural y lo individual desde afuera de la caja?

Porque la primera reacción sería una bifurcación de caminos muy simple: lo repensamos con base a lo que se venía haciendo antes del colapso; o lo pensamos con base a un ideal civilizatorio, aunque no sea lo que se venía haciendo.

Esto implica que haya quienes piensan que lo que se venía haciendo es en parte imperfecto, pero perfectible de un buen camino. Y los que piensan que son más cosas las que se deberían de cambiar. Y bueno, creo que he aquí la gran discusión que se ha venido llevando en nuestro país, y en el mundo, los últimos tiempos, incluso antes de la irrupción de la pandemia.

Con esto, estamos ante el momento de optar entre una respuesta drástica o una respuesta tímida, incluyendo a toda la gama que pueda haber entre estos polos. Pero no es cuestión de intensidad, sino de profundidad.

Los arquitectos somos partidarios de perseguir la Utopía. Es decir, pensar en la forma ideal y perfecta en la que pudiéramos vivir las personas, tal vez por esto pensamos que son más las cosas que se deben cambiar. Sin embargo, sabemos también que mientras sea un ideal solo nos es posible encaminarnos hacia allá, aunque nunca la alcancemos. Es solo un camino, una dirección.

Lo curioso de pensar en la utopía, es que no sabemos si podemos construir muchas formas de utopía, o para el camino que hemos recorrido solo es posible una forma de utopía. Si así fuera, esta utopía se podría esbozar en el consenso alcanzado en los derechos humanos universales de la ONU y que han suscrito todos los países. El día que tales derechos priven en toda la humanidad, podríamos decir que sin duda alguna, hemos alcanzado la utopía. Libertad, paz, igualdad de oportunidades, derechos, y justicia, para todos. Lamentablemente, no estamos ahí, y  más bien, nos hace falta mucho.

Lo paradójico de pensar en la utopía en contraste con el momento del camino que llevábamos recorrido hasta hoy, es que fuera como fuera, las metas de todos parecen ser las mismas. Todos desean el bienestar de todos. Aunque sabemos que la locura, y el mal perviven en la humanidad, mientras la racionalidad prive, así sean cristianos o musulmanes, así sean negros o blancos, así sean hombres o mujeres, jóvenes o viejos, de izquierda o derecha: todos desean el bienestar global.  El problema está en el CÓMO alcanzarlo.

Tan solo el cómo, que significa el método, es lo suficientemente controversial para mantenernos en una discusión babilónica y confrontación brutal, pues el cómo, o el método para alcanzar la utopía, sí afecta los intereses presentes de muchos, aunque esto pretenda solo hacerse en aras de un futuro mejor para todos.

Anécdotas ficticias. La nueva normalidad

Tras varios meses de confinamiento, nos hemos distanciado tanto de la realidad de allá afuera, que ya no sabemos cómo es. Hoy, por fin he tenido que salir y me ha sorprendido mucho la nueva normalidad.

Tomé mi cartera con los últimos billetes que tenía y salí. Primero me dirigí al supermercado por provisiones que tanto requería. Puse todo en el carrito pero al llegar a las cajas mi sorpresa fue que no había tales. La gente pasaba sus cosas del carrito a sus bolsas y salía del supermercado sin necesidad de pagar.

Luego de que metí mis cosas al auto, me dirigí a la gasolinera, en donde tras una cola de tres personas me percaté de que cada quien se atendía a sí mismo, y tampoco había a nadie a quien pagar. Llené el tanque, y tras no encontrar a quien pagar, dejé mis últimos billetes sobre la bomba de gasolina.

Me dirigí entonces al banco para ver cuánto había en mi cuenta. Y mi grata sorpresa fue que había un depósito que no sabía quién, ni cuando, ni por qué estaba ahí, pero que en el historial decía renta básica universal.

Luego fui a las oficinas de Desarrollo Urbano a ver el estatus de las licencias que tenía pendientes. Al llegar, y tras esperar mi turno fui atendido con la noticia de que habían sido denegadas. Se me informó que por cambios en los planes de desarrollo, a partir del año uno DC no se daría permiso a proyectos de casas de interés social que no garantizaran tener los mismos metros cuadrados de espacios exteriores, como de interiores, y que debía aumentar mis superficies, pues el mínimo interior se había elevado a 150 m2. Aquí fue cuando desperté, y para mi pesar, el monstruo (del virus) seguía aquí, y nada de lo que había soñado era real.

Algunos LIBROS de utopías

Esta ficción de la nueva normalidad fue un sueño inspirado en un libro que leí hace poco: Se llama UTOPIA PARA REALISTAS, del escritor holandés Rutger Bregman, que a su vez viene siendo inspirado por el filósofo y economista Philippe Van Parijs con su libro de Renta Básica. En resumen, lo que estos libros nos dicen es que se necesita un balón de futbol para jugar un partido, y que ese balón está ahí (incluso otros tres), pero que hay como tres o cuatro jugadores que no lo pasan a los demás jugadores de los equipo, y menos al equipo contrario.

Es decir, que existe en el día de hoy, las condiciones, los recursos y los medios suficientes para que en el mundo entero se llevara a cabo un feliz y divertido partido de futbol. El chiste de todo es pasarnos el balón. Pero más que al del futbol, el campo al que nos introduce de lleno esto, es al campo de las ideas.

Porque, al decir este tipo de ideas, no faltó que tanto a Rutger como a Philippe se les tildara de socialistas y comunistas. Lo malo de cuando sucede esto, es que de manera equivocada se hacen asociaciones con muy malos momentos de la historia que por unos instantes creyeron en esas formas de alcanzar la utopía, pero que se desvirtuaron. Como ya dije, los objetivos utópicos son todos ellos loables y nobles, el problema está en la forma, el cómo, el método, con el que se quiere alcanzar.  Y aquí viene lo peor, y la lección de todo esto: Nada puede ser impuesto a la fuerza. Todo debe ser por convicción plural y democrática. Y parece que no será hasta que la humanidad alcance ese punto de madurez y acuerdo  colectivo, que lo podrá lograr.

En el último tramo del camino, la humanidad se encontró con una forma que parecía ser la fórmula perfecta para que todo el mundo se volcara voluntariamente hacia la misma forma de alcanzar la utopía. Porque la verdad es FORMIDABLE. Es una forma que impulsa y propaga la producción, y la creatividad a niveles inconcebibles anteriormente. Nunca en toda la historia se había visto una progresividad tan acelerada como dentro de este sistema en el que vivimos la globalidad. ¿Ya saben a cuál me refiero? (Capitalismo).

two capitalist squads play playful and irresponsible tennis ball is the symbol of nuclear because the economy influences the politics without ethics

Sin embargo, es tan increíblemente eficiente, que algunos dicen que está empezando a pasarse de la raya. Y comienza a comportarse como un virus fuera de control que empieza a infectar de muerte a la Tierra. No obstante, como ya dije también, otros dicen que solo ha manifestado algunos inconvenientes, pero que se puede continuar con el paquete esencial.

Política, religión y fútbol

Como verán, parece que nos estamos sumergiendo en territorios de la política, que junto a la religión, el sexo y el fútbol, son temas tabúes, que parecen estar muy lejos de lo que deberíamos estar hablando los arquitectos e ingenieros. Pero como ya dije, si realmente se trata de re-pensar la nueva Era Post Coronavirus, creo que debemos afrontarlo con valor y con honestidad. Porque sinceramente, la casa de interés social, y muchas otros intereses de la ciudad que tenemos los arquitectos no sufrirán ninguna repensada si no pasa por otros campos, como el de la política.

Ya discutiremos cuando llegue el momento, cualquier restaurante, bar o cafetería serán mejores lugares para hablar y discutir de todo esto, pero por el momento hablemos desde la arquitectura de los grandes temas que nos competen como:

  • El Sistema
  • El Ambiente
  • La Ciudad
  • La Casa
  • El trabajo
  • La empresa
  • El consumo
  • El Mercado
  • La Salud
  • La tecnología

El Sistema

Ustedes lo conocen muy bien, este es la Matrix, o el lugar donde se da la convivencia. Es el sistema operativo en el cual corren todos los demás programas: el urbano, el residencial, el trabajo y todo lo demás. Pero tiene una que es su principal aplicación y que se encarga de lo POLÍTICO, lo SOCIAL y lo ECONÓMICO. Se trata del ESTADO. Básicamente, aquí están los órganos reguladores de nuestros derechos, obligaciones y libertades en la convivencia. Se encarga de decirnos lo que se vale, pero sobre todo lo que NO se vale hacer. Se supone que se trata de un acuerdo social, que castiga al que lo incumple, y es el único que tiene el derecho de ejercer la fuerza para castigar al que lo incumple, y hacer valer el acuerdo.

Actualmente esta aplicación tiene un principio que se debate entre “todos colaboramos”, o “que cada quien se rasque como pueda”. Entre un “Entre todos podemos” y un “Todos contra todos”. Obviamente, todas las banderas dicen lo primero, pero las genuinas intenciones no han llegado al terreno real. Reina la desconfianza y la ‘verdad’ ha cobrado un valor relativo. Se ha llegado a denominar como la época de la pos verdad.

Aquí, como arquitectos, y como cualquier otro profesionista que no sea parte de los órganos políticos, podemos participar activamente con: el voto, el respeto a las normas, la actitud crítica, y la sugerencia. No podemos ser un gremio apolítico, tenemos que participar. Por supuesto, podemos dirigir nuestra participación a cualquier asunto, pero principalmente a los que nos ocupan: la ciudad, la casa y el trabajo.

El Ambiente

El ambiente es el cachito de Tierra en el que estamos, y por el cual conecta con todo el Mundo. Es nuestra primera CASA, y es tan tuya y mía como de todo el mundo. Es decir, no es ni público, ni privado, sino universal. Tenemos derechos y obligaciones para con él, especialmente por el interés universal. No es sujeto de forma y diseños manipulables por el arquitecto, y sin embargo, toda intervención nuestra lo afecta. El camino a seguir está en algo que llamamos SUSTENTABILIDAD. Y aplica a todos los campos profesionales. Toda unidad arquitectónica tiene una responsabilidad con el medio ambiente. Desafortunadamente, la sustentabilidad no puede entenderse como una solución definitiva, sino solamente como un paliativo o forma de disminuir y aminorar el ritmo e impacto negativo que nuestra actividad implica en el ambiente, pues la única arquitectura realmente sustentable sería aquella que revirtiera el desarrollo inmobiliario.  Sin embargo, la SUSENTABILIDAD es lo único que tenemos para combatir el cambio climático, la salvación de las especies en peligro de extinción, la rehidratación de los mantos, y la reforestación de las superficies desérticas.

La Ciudad

Ese gran artificio, que ha modificado la Tierra al grado de observarse desde el espacio, especialmente de noche, es nuestra segunda casa, porque la primera es justamente la Tierra: el Mundo. Esta forma de verlo era la forma natural de entenderse, pero a partir de la creación de la propiedad privada y las limítrofes territoriales, todo cambió. Ahora solo puedes considerar CASA la que alcance el presupuesto personal. La ciudad en la que vives es solo el accidente donde esto ocurre. Es necesario retomar la idea de que la CIUDAD es nuestra casa también. Aunque la ciudad está dividida en público y privado, no quiere decir que solo la privada sea nuestra y la otra no. Se confunde privado con propiedad y público con ajeno. Esto es un ejemplo de una falla en la Matrix, es decir, de un sistema que nos hace percibir la realidad inapropiadamente. Esto trae consigo un encadenamiento de percepciones inapropiadas: al considerar algo ajeno y  algo propio viene la lógica de que lo que se debe cuidar es solo lo propio, y que lo ajeno se puede descuidar ya que es responsabilidad de otro. La ciudad es de todos suena trillado porque existe una barrera ideológica que se debe re-pensar, y replantear desde la Matrix; el sistema. Por eso es importante empezar por la profundidad del sistema.

En realidad, lo público y lo privado debería estar más relacionado con lo compartido y lo íntimo, como sucede al interior de la casa. Lo público es lo compartido y lo privado es lo íntimo. Se comparten las calles, los parques, las playas y las plazas, pero deberíamos inventar muchos más lugares para el ágora público. Los clubes deportivos, los estadios, los centros comerciales, los teatros, los cines, las salas de conciertos.  Todos estos podrían ser entidades públicas compartidas. Debidamente reguladas y explotadas comercialmente para la dinámica económica, pero de todos.

¿Utópico? Sí.

Rumbo al siguiente tema, la casa, nos encontraremos con varios escalones antes de llegar a ella. Y se trata de las fracciones en las que se componen y descomponen las ciudades. Estos son los barrios, las colonias, los distritos, las delegaciones y demás subdivisiones, todas estructuradas por las vialidades por donde usualmente corren todas las demás infraestructuras de servicios. El principal cuestionamiento a este espacio desde la óptica del arquitecto: es que son entidades principalmente diseñadas para los vehículos automotores que se desplazan a gran velocidad y extensión, y no para la otra gran diversidad de formas de movilidad urbana que pueden existir: peatones, bicicletas, y otros. LA MOVILIDAD, y el mercado automotriz la han determinado así. El combate a esta forma tiene que hacerse desde el ofrecimiento de formas de movilidad que se convirtieran en preferentes porque resultaran más prácticas, económicas y eficientes. Yo propondría la tele transportación pero parece muy lejana por lo que las mejores opciones están en el transporte público, cómodo, limpio y suficiente. Y también, por supuesto, un distribución de los usos de suelo que permitan su vivencia plena a pie, en bicicleta u otra opción bio-motora. Según las teorías de sustentabilidad, urbanismo y sociología, coinciden en que la convivencia se optimiza en subcentros como subciudades dentro de ciudades, con un óptimo de densidad de población que varía según la región. Y que resulten ser  totalidades urbanas adentro de la totalidad de la ciudad.  En el terreno del urbanismo, los arquitectos tenemos mucho que pensar, decir y hacer.

La Casa

Siguiendo este hilo conductor de nuestro re-pensar, se entiende la casa como la parte íntima de nuestra gran casa; la ciudad. Hay que entenderlo como un juego de subconjuntos, donde cada uno es una réplica a otra escala. O sea que la casa es solo la recamara de nuestra casa la ciudad. Así, proyectada hacia la ciudad, el barrio es el jardín frontal, y el parque es el jardín trasero, idealmente.

Según una teoría de un mítico maestro sabio de la arquitectura poco conocido (El Arquifante), la casa es el género madre de todos. Dice que después de la generalidad programática en todo ejercicio que parte del afuera y el adentro (exteriores e interiores), lo considera como el único programa realmente constituido por las esferas fundamentales de la cotidianidad humana en perfecto balance jerárquico: El dormir, el comer, el estar/esparcimiento, el taller/huerto, el estudio/trabajo y el apoyo/asistencia. O sea, las habitaciones, la cocina y comedor, la sala de convivencia, el lugar de trabajo, el estudio o lugar de actividad productiva e intelectual, y los servicios o actividades de apoyo a las actividades principales. Inclusive, hasta los géneros religiosos y funerarios habían estado muy presentes en los hogares, y de alguna forma subsisten en algunos. Así resulta que todo programa puede considerarse como una hipertrofia o hipotrofia de alguna de estas esferas. Un Hotel es una casa hipertrofiada en todas sus áreas, especialmente en número de habitaciones para dormir. Pero si subdividimos, uno de sus comedores (restaurantes) sería la hipertrofia del área para comer (cocina y comedor), junto con la hipotrofia, o disminución, de otras áreas, como cuando se trata de unas oficinas, donde la estancia se reduce y desaparecen las habitaciones para dormir. En cambio, un corporativo es la hipertrofia del área de trabajo, como también en las industrias, pero las demás esferas pueden estar presentes en proporción disminuida.

Él aconseja atender toda iniciativa arquitectónica en analogía al hogar, y  si como hemos visto, nuestra casa es el Mundo, aplica también para ciudad.

El Trabajo

El trabajo al que nos queremos referir no ha sido siempre el mismo. Imagínense que puede considerarse como una simple actividad creativa, o una labor que solo era asignada a los esclavos. Imagínense que solo desde mediados del Siglo XIX, vinculado al desarrollo de la democracia y el sindicalismo, la esclavitud dejó de ser la forma predominante del trabajo, para ser reemplazada por el trabajo asalariado. Vamos, para ser claros, la palabra «trabajo» deriva del latín tripalium, que a su vez deriva de tripaliare, que significa ‘tortura’, ‘atormentar’, ‘causar dolor’. Tripalium era una herramienta parecida a una trampa con tres puntas o pies que se usaba inicialmente para sujetar caballos o bueyes y así poder herrarlos. Imagínense de donde viene el concepto del trabajo. Y sin embargo, el trabajo ha sido considerado la actividad más importante en el último siglo. Creo que estaremos de acuerdo en que debemos urgentemente re-pensar esto.

Desafortunadamente, muy temprano en la historia quedaron ligados el trabajo y la producción. Y luego también: la producción con la remuneración económica. Es decir que: tortura, trabajo, producción, salario, resulta ser la ilación secuencial de conceptos normalizada en nuestra Matrix, o sea, el sistema. Por eso, percibir un salario aunque cueste dolor nos parece tan normal. Léase dolor como cualquier pesar, insatisfacción o infelicidad de nuestra persona, y por lo cual, también ha sido necesario inventar una ciencia, y remedios para el tratamiento de la depresión.

Otra vez se antoja utópico, pero ¿será el momento de darle al trabajo otro sentido?

Estudios serios han demostrado que los mismos niveles de producción y competitividad se pueden conseguir en cosas muy distintas como en los juegos, el divertimento, o en el simple apetito de las personas por conocer y hacer más cosas.

El trabajo no debe ser un dolor, y los arquitectos podemos hacer mucho por ayudar a cambiar esto. Podemos empezar por hacer de todo lugar de trabajo, una extensión del estudio o taller doméstico. Hasta que el trabajo no cambie su esencia, y se convierta en sí mismo en algo más placentero, solo nos queda optimizar los ambientes de trabajo. Esto se ha hecho en las oficinas de grandes corporativos como  Google, Microsoft, Lego, y otros. Pero el gran reto está en los trabajos en lugares con menor capacidad financiera.

¿Nos conformaremos con eso?  El trabajo debe ser re pensado desde sus metas, sus tiempos y sus métodos, pero para lograrlo se requiere de un activismo distinto al que nos ocupa aquí, de momento.

La Empresa

La empresa es el ámbito de trabajo por excelencia. Las hay de todo tipo, para toda industria y de todos tamaños. Constituyen la fórmula perfecta para la producción de bienes y servicios. Si el trabajo en sí no tuviera los problemas de origen que ya vimos, la empresa no tendría ninguno tampoco. En la empresa se reflejan fielmente los problemas del trabajo, pero paradójicamente, es en la empresa donde se puede incidir positivamente en el mismo. Es en la empresa donde se pueden echar en práctica las mejores políticas que cambien el sentido del trabajo. Desde el fijar sus horarios, brindar todas las garantías y derechos a los trabajadores, implementar un ambiente saludable, agradable y justo. Dentro de todas estas cosas que tienen su propio nivel de complejidad, la más difícil es la de permitir la movilidad social, o el avance en el escalafón. Quizás lo mejor sería que no tuviera que existir el escalafón y que pudieran existir empresas con organigramas perfectamente horizontales. Ya existe una cosa parecida que se llaman cooperativas, pero que no son tan socorridas por los empresarios. Otra vez, este es asunto de la Matrix y mientras exista el escalafón ¿qué podemos hacer para permitir el ascenso de todos dentro del sistema?

Los arquitectos tenemos mucho que hacer por la empresa en todos los niveles, especialmente porque muchos de nosotros somos de alguna forma empresarios, que podemos echar a andar una empresa con ideales de una era post-coronavirus.

El Consumo y el Mercado

El consumo debe ser repensado y re-editado. El consumo se ha desviado y rebasado las necesidades auténticas de las personas y las sociedades. El consumo es algo muy natural que ha implementado de manera artificial muchas falsas necesidades, y lo que es peor, falsos remedios para satisfacerles. Ha sido una cuestión de altísima creatividad a cargo de algo que se llama: PUBLICIDAD COMERCIAL, o marketing.

La publicidad hace esto presentando el consumo como una respuesta a todas las necesidades materiales y sociales. El fetichismo de las mercancías infunde a los objetos poderes que los objetos no pueden poseer y así presenta una visión idílica del mundo que claro que es deseable, pero muchas veces imposible de lograr.

Muchos autores, como Marshall McLuhan, Abraham Maslow, Neil Postman, y Zygmunt Bauman, han expuesto el papel que el marketing y la publicidad juegan en una especie de lavado de cerebro, adoctrinamiento, o ideologización, que se produce y que puede ser usado para ciertas formas de organización social y económica, cuyo funcionamiento dependen del consumo progresivo y exponencial. Esto nos apunta a que quizás lo que se deba de re-pensar y cambiar, es la publicidad.

Una batalla que se está librando en estos momentos, y que demuestra estas resistencias por parte de algunas empresas, es el re-etiquetado de los productos con la información verídica y legible sobre los contenidos calóricos de los productos.

El Mercado para unos es y debe ser libre. Y sin embargo, siempre se buscan firmar tratados y acuerdos en donde se regule esos tratados “de libre comercio”. Es decir, nunca es libre. El mercado es materia de análisis de los economistas y los mercadólogos son los encargados. Seguramente, ellos están replanteándose también su nueva forma de existir en la nueva era Post-coronavirus.

La arquitectura es considerada una mercancía, por lo que ¿Qué tanto participamos en esto los arquitectos cada vez que presentamos un proyecto con renders de vistas, formas, materiales y mobiliarios increíbles, antes de haberlo presupuestado? Preguntémonos mejor, si la arquitectura es una mercancía como las otras.

Aunque parezca inverosímil, el quehacer arquitectónico tiene en su forma de consumirse, un gasto calórico que como ya vimos, incide en el ambiente. Nuestro quehacer no engorda, pero desgasta la capacidad del mundo de regenerar sus ciclos naturales, por lo que pensar en la forma en que se consume la arquitectura es importante.

La Salud

Como nunca, hay que repensar la salud. El Consumo, el mercado, la empresa, el trabajo, la casa, la ciudad, el ambiente y el sistema deben estar alineados en torno a este objetivo. No hay bienestar, riqueza y ni felicidad, si no hay buena salud. El consumo debe ser saludable, el mercado debe promover productos saludables y con mesura, la empresa debe ser saludable e impulsar ambientes saludables; el trabajo debe ser saludable y no una carga de enfermedades físicas y psicológicas; la casa; el hogar íntimo, y su urbanidad circundante deben ser saludables. Con todo esto, el ambiente sería mucho más saludable automáticamente.

La Tecnología

Finalmente, quizás una de las más apasionantes y en la que quisiera extenderme un poco más, es el turno de pensar la tecnología. ¿Qué debemos pensar de la tecnología?

Bueno, la tecnología conlleva cosas de consumo y de mercado, por lo que desde ahí se debe re-pensar mucho desde el sistema. Pero antes que eso, pensemos en la tecnología de dos formas

  • Como la tecnología dominante que conduce el desarrollo
  • Y las otras.

La primera está limitada a las aplicaciones técnicas y científicas en diseños y objetos en vigencia industrial; Y la segunda está abierta a todo conjunto de técnicas de posible aplicación en cualquier ámbito y en cualquier momento.

La primera; como aplicación de técnicas en diseños y objetos en vigencia industrial; los arquitectos y demás diseñadores de entornos y artilugios, tenemos un campo muy basto para la participación activa y directa. Y con las premisas que hemos re-pensado, se enfocaría la tecnología a ser creada y empleada en favor de la sustentabilidad ambiental, la ciudad como nuestra casa compartida, y nuestra casa como el hogar íntimo.

Una vez más, estará en los cambios o continuidades que se den a niveles profundos de la Matrix, que se logrará tener una nueva Era más drásticamente transformada, o más sutil.

Una re-pensada de la tecnología así, cuestionaría el hilo conductor que ha conducido a la tecnología por el camino que ha tomado, y determinado los caminos futuros a los que privilegia por sobre otros.

Esto se explica así: a partir del fuego, toda la humanidad se encamino por un desarrollo tecnológico dependiente de esta fuente: la combustión, incluso para privilegiar la supervivencia y dominio de los homo sapiens con dietas que encontraron en la cocción una forma de pre digerir los alimentos y hacer mucho más rápido el proceso biológico de digerirlos. Pronto encontraron más tiempo libre para dedicarlos a otra cosa. Pero entonces, acto seguido, la tecnología adoptó el camino de la combustión hasta el punto del día de hoy que seguimos quemando muchas cosas para producir energía, como el petróleo y la gasolina.

Si otra cosa hubiera sido mejor que el fuego, quizás los homo sapiens de hoy, serían vegetarianos, y obtendrían todas sus formas de energía del Sol.

Así, luego tras el manejo de los metales con el calor del fuego, se determinó un curso del desarrollo de la tecnología, dando sentido al refrán de Abraham Maslow que mejor retrata este fenómeno: «Es muy tentador, si sólo tienes un martillo, tratar a todo como si fuera clavo.» O «Cuando la única herramienta que tienes es un martillo, todo problema comienza a parecerse a un clavo».  Con nuestros teléfonos celulares en las manos, resulta obvio entender como los metales han dirigido el desarrollo tecnológico hasta hoy directamente desde esos momentos.

La verdad es que la humanidad ha sido muy creativa y a pesar de que siempre ha existido una línea tecnológica dominante desde el fuego, ha creado formas tecnológicas muy diversas, algunas que nada tienen que ver con el fuego. Hoy nos encontramos ante el paradigma impresionante de que debemos  urgentemente cambiar nuestra forma esencial de tecnología para salvarnos.

Re-pensar la tecnología nos haría realmente pensar tecnológicamente y ser creadores de tecnología y no solo implementadores de tecnologías importadas.

Re-pensar la tecnología nos haría entender que NO seguir las directrices marcadas por la tecnología impuesta por el consumo y el mercado, no significa renunciar, o retroceder, en el avance tecnológico, sino  abrir alternativas.

Re-pensar la tecnología se puede ver perfectamente en el trabajo de Neri Oxman, quien es conocida por el arte y la arquitectura que combinan diseño, biología, computación e ingeniería de materiales. Vean el segundo episodio de la segunda temporada de ABSTRACT, por Netflix. Su trabajo incorpora diseño ambiental y morfogénesis digital, con formas y propiedades que son determinadas por sus contextos. Acuñó la frase «ecología material» para definir su trabajo, colocando a los materiales en contexto, y utilizando los tejidos celulares para formar nuevos materiales de construcción.

Por último, re-pensar la tecnología es re-aplicar conocimientos; y los conocimientos requieren educación; y la educación requiere mucha creatividad.  Por eso…

Colofón: Tecnología, Educación y Creatividad

Pensando la tecnología más allá de todo esto, nos puede llevar a pensar las técnicas como sistemas de  conocimientos ordenados y científicos que se aplican a cualquier ámbito. Así podemos considerar, como vimos anteriormente, que el marketing es una técnica (o una especie de tecnología), aplicada a la fetichización del consumo. A su vez (según Schudson), la publicidad es también una técnica (o especie de tecnología) de propaganda y persuasión, no oficial, que equivale al adoctrinamiento ideológico.

Siempre se ha sabido que el adoctrinamiento es un símil de educar, salvando las diferencias que hacen de una cosa algo loable, mientras que de la otra, hace una forma de condicionamiento que nunca resulta muy loable. ¿Cuál es la diferencia?

Educar es una técnica, o especie de tecnología, que como el adoctrinamiento y el lavado de cerebro, intentan inculcar ideas en las mentes de las personas pero incluyendo un proceso de dos direcciones —ida y vuelta—, en donde valen la duda, la crítica y la construcción colaborativa del discurso. Esto permite el “aprendizaje”.  Donde hay aprendizaje hay educación. Donde hay adoctrinamiento no hay aprendizaje real, sino un mero acondicionamiento de la conducta.

Así, podemos entender que la educación es la TECNOLOGÍA de punta más poderosa e importante que ha existido y sigue existiendo. El aprendizaje siempre ha conllevado una característica muy peculiar: ahí donde hay construcción real de conocimiento, es decir, aprendizaje, también aflora la CREATIVIDAD.

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