El Lado Oscuro de la Virtud

El Lado Oscuro de la Virtud (Dark Side of Virtue) es un interesante libro escrito por el profesor David Kennedy, al seno de la academia estadunidense (Princeton University Press, Nueva Jersey 2004). Su argumento se dirige a los derechos humanos internacionales, y deambula especialmente en los diversos errores que se pueden cometer en la persecución de la virtud supuesta de los derechos humanos.

Se pregunta “cómo las muchas personas dedicadas, ingeniosas y bien intencionadas que componen la comunidad humanitaria internacional pueden fracasar con tanta frecuencia en sus objetivos más básicos.”

 Según él, “el humanitarismo tiene muchos costos imprevistos derivados de la incapacidad de los trabajadores humanitarios de reconocer su creciente influencia en la formulación de políticas internacionales. Los funcionarios gubernamentales y los actores políticos reconocen que, en última instancia, son responsables de las consecuencias de sus políticas y, por lo tanto, consideran pragmáticamente los riesgos y los costos potenciales de sus acciones, así como los beneficios. Los trabajadores humanitarios se han visto tradicionalmente a sí mismos como forasteros con respecto al “gobierno” global y, por lo tanto, no sienten la misma responsabilidad por sus acciones. Además, los trabajadores humanitarios a menudo asumen erróneamente que debido a que sus acciones son bien intencionadas, solo obtendrán beneficios.”

Kennedy argumenta que “si los trabajadores humanitarios se identificaran con su poder en la gobernanza global, se involucrarían en un análisis pragmático de costo-beneficio con más frecuencia y evitarían muchos de los lados oscuros del humanitarismo”.

Su objetivo, dice “es provocar que la comunidad de derechos humanos se involucre en el tipo de pensamiento pragmático y autocrítico que podría reducir, si no eliminar, los costos de la acción humanitaria.”

Quedan de manifiestos problemáticas, por citar algunas; “Los derechos humanos tienden a desplazar otras «posibilidades de emancipación»; Los derechos humanos afrontan el problema y la solución de forma demasiado limitada; los derechos humanos generalizan demasiado; los derechos humanos se particularizan demasiado; los derechos humanos se ven influidos por su relación con el liberalismo occidental; Los derechos humanos prometen más de lo que pueden hacer; Los derechos humanos excusan violaciones; La burocracia de derechos humanos es parte del problema; El movimiento de derechos humanos refuerza la mala gobernanza internacional; La promoción de los derechos humanos a veces puede ser una mala política; Los derechos humanos ignoran el statu quo, el contexto en el que hace recomendaciones; Los activistas de derechos humanos confunden presentaciones con resultados.”

Y quizás, por no ser exactamente la materia en la que quiere ahondar, pasa un poco rápido por la aparente contradicción de lo que “el lado oscuro” puede significar cuando hablamos de virtud. Filosófica y lógicamente es una contradicción; si es virtud no puede no ser virtud, en cualquiera de los tres sentidos que Abbagnano apunta en su diccionario. Y, sin embargo, todos intuimos que existe la “perversión de las virtudes”, tal como Kennedy lo deja de manifiesto.

Ya de lejos en este espacio, alguna vez hablé sobre esta obviedad de la ausencia de absolutos, y la presencia de una realidad gradual, en analogía de la teoría de la luz y el color lo describen. Más recientemente, en El Mundo Sin Capitalismo, llevé la analogía a la salud física de los entes vivos a la libertad, de donde trascribo:

La idónea salud, como la idónea libertad, son balances de valores en gradaciones convenientes, por lo que las máximas y perfectas salud y libertad, son en realidad: un balance gradual. Nunca un absoluto máximo. La mejor libertad es la saludable.

Entonces, quizás podamos entender algunas cosas de los términos de la frase liberal mérito capitalista si las comparamos con la salud. Podemos decir sin temor al disenso que:

No todo grado de libertad es saludable, no todo esfuerzo es saludable, no toda transacción es saludable, no todo mérito es saludable, no toda competencia es saludable, no toda riqueza es saludable, y no todo ahorro es saludable. Sino que lo saludable está en su sana medida.

MG

Con esto de fondo, ¿no será entonces que no es que tenga la virtud un lado obscuro sino una modulación gradual? Es decir, cuando tenemos muy poco, o de más, de algo bueno, observamos entonces, una especie de eclipse u oscurantismo de la virtud en cuestión. Si este corrimiento más allá de la adecuada ecualización tiene efectos nocivos y perversos ¿podemos decir que se pervierte la virtud? Yo creo que sí.

Hace no mucho, el presidente de México cuestionó los Derechos Humanos Internacionales ganándose la respectiva, esperada y usual carretada de críticas. Por lo visto con David Kennedy, su crítica no es tan estrafalaria como en el confort del conservadurismo liberal parece. Pero más allá de respaldar o rechazar un pronunciamiento, quiero denotar como los valores en los que nos sumergió el sistema globalizado en el que vivimos, parte de premisas virtuosas que han pasado a pervertirse. Naturalmente, esto complica la claridad de las posiciones y nos tiene metidos en una babélica confusión que solo abona a polarizar las posiciones políticas.

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