NAIM vs AIFA desde la arquitectura n.2

Si a grandes rasgos son tan similares ¿por qué tanto escándalo? Pues porque “Dios está en el detalle” como decía Míes Van de Rohe. Las partes que conforman el todo sí son diferente. ¿En qué consisten estos detalles?

Ubicación

 La ubicación fue, y es, la principal de las diferencias que más polémica provoca. En realidad, casi todo se podría reducir a la ubicación. Ubicación, ubicación, ubicación; reza el mantra de los bienes raíces que lo reduce, como en todo hoy en día, a una cuestión de ventaja mercantil.

Bajo un exhaustivo análisis podremos encontrar que existen pros y contras en ambas posiciones. Sin embargo, sea cual sea el peso específico de todas en un balance global, la razón por la que se terminó cambiando la ubicación de Texcoco a Santa Lucía se resume en el sujeto de interés, donde en el primero estaba apuntado un grupo de millonarios (la oligarquía) que, de hecho, ya había estado determinando muchas de las cosas que no le competen como al gobierno le deben competer. Y en cambio, el interés que una consulta y el clamor de la mayoría en representación de su presidente electo, decidió la ubicación. Es decir, en lugar de hacer el aeropuerto donde era del interés de unos cuantos privilegiados de antaño, se optó por el interés de los muchos otros que, por muchas razones, entre ellas las ecológicas y sociales, prefirieron: Santa Lucía. Es, por lo tanto, también una especie de victoria de los no privilegiados sobre los privilegiados, y encabezados por su presidente.

Que si lejos, que esto y el otro, nada… el pueblo lo quiso así.

Forma / Función

Como en todo menester —diríase académicamente— todo tiene una existencia duplicada por cosas como el cuerpo y el alma; la materia y el espíritu; la forma y el contenido, o la forma y el fondo; el signo y el significado; el significado y el significante; el medio y el mensaje; la materialidad y la virtualidad; lo real tras su apariencia; lo tangible y lo intangible, etc… En la arquitectura, y el diseño en general, se trata de la ecuación de la Forma y la Función.

En realidad, son indisolubles, pero en el ejercicio de la profesión se hacen los análisis por separado. El Funcionalismo histórico nos hizo el favor de evidenciar que, a pesar de concentrarse en las partes más prácticas y técnicas de la arquitectura, no se encuentra exenta de una voluntad formal. Fueron, y son, los arquitectos quienes han entendido esto, pues contrariamente, en aras de la función muchas veces se ha relegado al arquitecto creyendo que son los ingenieros quienes, por sus facultades en lo técnico y práctico, pueden hacerlo mejor. Sabemos muy bien, gracias a ingenieros como Eiffel y Barragán entre muchos, que ellos mismos han experimentado esta voluntad formal que se supone es propia de los arquitectos, incursionando exitosamente en un campo más allá de la ingeniería que profesan.

Fueron esos arquitectos de los movimientos Funcionalistas y Racionalistas (aunque en realidad existieron desde que la arquitectura se conoce como tal) quienes pusieron en evidencia que las formas bellas pueden emanar de soluciones técnicas, racionales y funcionales. Hacer más con menos es el mensaje que emana y que vive su máxima en la frase de Mies, otra vez: Menos es más. Esto, haría suponer que el tema del presupuesto tiene una relevancia central, cosa que, en términos estéticos, no necesariamente lo es. “Menos” puede ser interpretado en sentido de recursos económicos requeridos, como en sentido de recursos formales, que no necesariamente significan menos recursos económicos. O también, en el mejor de los casos, puede significar ambos: menos recursos económicos y menos recursos formales, produciendo un resultado de “más”.

En este punto vale decir, que tanto los arquitectos funcionalistas, liderados por Le Corbusier y Walter Gropius, así como el mismo Mies Van de Rohe, pertenecen a una corriente puramente de la cultura que conocemos como Occidental, y de la cual, somos tanto “cultivados (o culturizados)” como “sometidos”.

En el caso específico del NAIM vs AIFA, las críticas se decantan en términos de fealdad del AIFA vs la belleza que el NAIM delineaba en sus imágenes por el cuidado que a la FORMA pusieron Foster y Romero. Veamos que, después de todo, no es coincidencia que Foster y Romero sean descendientes directos de las corrientes que mencioné anteriormente; propiamente del movimiento Moderno, el funcionalismo, el minimalismo y el hi-tech, al seno de la cultura Occidental. ¿Y qué con esto?

Con esto nada y todo. Primero veamos que el ‘menos’ que pregona el movimiento moderno bajo el que se hizo la propuesta del NAIM no necesariamente significa menos presupuesto, al contrario, seguramente significaba una inversión mayor, cosa que en la nueva administración cobraba relevancia especial. Pero también, veamos que el ‘menos’ aplicado en el AIFA tampoco significó la posibilidad de reunión entre ese ascetismo funcionalista y una estética arquitectónica que deslumbrara tanto a unos como a otros. Es normal, pues simplemente no estamos preparados para eso. Como ya dije, estamos “cultivados y sometidos” por ese occidentalismo.

Arquitectura n.2

Con Arquitectura n.2 me refiero a la arquitectura que venga después de la que reina actualmente, misma que no ha acabado de definirse pero que ya podría dar lugar a la siguiente. Así es siempre.

Leí infinidad de posturas acerca del AIFA tras su inauguración, llamándome la atención los provenientes de arquitectos. Claro que ellos sienten que la arquitectura fue sacrificada por pura ingeniería, y podría decirse que tienen algo de razón en la medida de que ciernen su concepto de arquitectura en esa línea que he demarcado como Occidental. Es más que evidente que existen muchas construcciones, con o sin profesionistas arquitectos, que representa alguna forma de arquitectura y que no por no caer dentro de los cánones designados por la cultura occidental, sus premios, sus concursos, sus estrellas y sus dogmas, significa que no puedan ser arquitectura. Digamos que efectivamente, en le AIFA se sacrificó La Arquitectura en sentido Occidental, misma que se define en términos de valores de la cultura Occidental; lo que incluye obviamente, la estética, por lo que se aparece como una cosa “fea”.

Uno de esos factores que forman parte de esta cultura es, evidentemente, el factor de clase. Es por esto que la mayoría de los pronunciamientos parecen ser claramente clasistas. Los quejosos hacen siempre un énfasis en la calidad que no refleja las formas, marcas, firmas y estilos de los arquitectos con fama mundial —que realmente se cierne a la occidental— y provenientes de sus países que los promueven como estrellas del espectáculo, pues resulta mercantilmente una mejor estrategia.

Aquí tenemos que hay quienes creen fehacientemente en la obvia superioridad de esta arquitectura occidental, como si fuera cumbre de una evolución consistente desde sus ancestros hasta el día de hoy, que junto a la cúspide tecnológica vigente representan el clímax, simplemente por eso, porque es el presente, es lo de hoy, es lo último, viene de ellos y es para ellos.

Por otro lado, podríamos justificar al AIFA, no solo en todos sus razonamientos técnicos (incluyendo el ambiental), racionales y presupuestales, con el argumento ‘socialista’ de que ha sido una obra realizada con cierta conciencia de clase, en donde México adopta en su puerta de entrada aérea, una comunión mucho más sensata y apegada a su realidad socio-económica, sin mayores pretensiones que las reales.

¿Que esto también pudo haberse hecho con mayor creatividad, una estética relevante y un diseño dualmente funcional en lo técnico como en lo estético? Sí.

El Aeropuerto pudo haber sido este ejercicio de diseño realmente colaborativo, donde el inmenso talento social e individual que existe se pudo haber vertido, a pesar de las múltiples restricciones que el presupuesto significaba. Pero con todo y esta oportunidad desperdiciada en áras de garantizar su terminación… ha sido una gran obra.

 ¿Y qué pasaría si le colocamos la cubierta fosteriana al nuevo aeropuerto en Santa Lucía?