— A mí me interesa hacer buen negocio, dijo el empresario.

A mis amigos empresarios, hombres y mujeres de negocios les haré una encarecida recomendación, sin tener la más mínima autoridad para ello. Sin embargo, no hace falta saber mucho de economía y negocios para saber lo mal que se oyen en una conversación barbaridades como estas…

— A mí me interesa hacer buen negocio — y continuar con lo que entienden como buen negocio — necesitamos encontrar gente con la necesidad y urgencia de vender para conseguir un precio bajo, y después podamos vender a precio de mercado, o mayor.

Recomiendo no decir cosas así pues se corre el riesgo de ganarse un término que existe para personas con estas prácticas, y que es el de OPORTUNISTA; que a su vez dícese del que practica el OPORTUNISMO. Esto pudiera hacer pensar a cualquier interlocutor, o audiencia, que se tiene una idea del mundo de los negocios reducido a cosas como las que he escuchado también por ahí…

— En este mundo hay dos tipos de personas, las tontas y las inteligentes. — para rematar con — O sea, las que compran caro y venden barato, y las que compran barato y venden caro.

U otras finuras, no menos elevadas, como…

— A mí no me interesa negociar con gente que no esté en apuros y necesitada. A mí encuéntrame a quien esté urgido por rematar sus propiedades.

Sería iluso tratar de tapar el Sol con un dedo y negar que este criterio del oportunista caracteriza en buena medida al supuesto hombre o mujer de negocios en nuestros días, que fuera de buscar un rendimiento en base a los valores agregados o en lo competitivamente mejor, recurre en cambio, al desamparo y penuria de algún otro para aprovecharlo como la “inteligencia de negocios”.

El problema es que impera la ley del menor esfuerzo como si fuera parte de la definición de negocio, cuando el prefijo nec que antecede a otium, significa que es lo contrario. Y bueno, la actividad se reduce a la labor de la búsqueda del presunto en desgracia.

Ok, de acuerdo. Es una forma de hacer negocio pero si es así, solo no lo manifiesten tan abierta y descaradamente, ¿no creen?

Yo soy idealista, pero entiendo como el buen negocio a ese capaz de dar buenos rendimientos por el plus que representan los valores en sus transacciones, ya sean productos o servicios, y que se logra abrir buen camino en los mercados de cualquier tamaño y condición. Pero eso… eso es mucho más difícil.

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Batalla perdida, o misión cumplida

Hay que ver la cantidad y cualidad de vicisitudes suscitadas en un breve lapso trabajando en una obra con tiempos apresurados. Los errores versus los horrores, de atención unos y de personalidad otros, que mantienen o expulsan a un miembro, que cuando menos era entusiasta.

No voy a mentir, soy responsable, consciente e inconsciente, tanto de esos errores como de los horrores, pero tampoco he de sentirme el Judas o que fue como mi Waterloo.

Todo parece indicar que lo que fue un error, consciente y de personalidad, fue el haberme tomado como términos de contratación, únicos y definitivos, los términos verbales expuestos por el director general de la empresa que me solicitó personalmente. Pensé que se justificaba hacerlo, consciente y vehementemente, pues eso era la razón por la que el trabajo me atrajo, y por las que acepté el compromiso del puesto a ocupar.

Verbalmente recuerdo que tales términos fueron estos:

Necesitamos a alguien con la capacidad de dar soluciones con sentido y buen gusto arquitectónico, impromtu e in situ’. (En sitio y el momento).

Y así me dispuse, sin prever que tal cosa resultaría problemática con las piezas que estaban encargadas del diseño a priori en el equipo, pero sobretodo con el franco, brutal e irremediable encontronazo de trenes que los egos y las personalidades estaban por detonar.

Se manifestaron diversas cosas antagónicamente:  Read More