El Derecho a Ser Cosificado.

Habíame distanciado mucho de este, mi hogar cibernético. Pero parece suficiente luto tras la fatídica elección presidencial en los USA. La advertencia de “Salven al Mundo” de mi última publicación no surtió su debido efecto  y desde entonces han transcurrido muchas cosas que decir.

No obstante a todas estas cosas que están en el tintero, optaré por ganarme la perorata que mi insurrección provocará por manifestar algunos pensamientos que pudieran parecer anti-feministas. No son tales, pero hoy en día si no estás alineado al cien por ciento con sus argumentos, estás entonces en contra. No es así.

Quieres ganarte algo de mala reputación de a gratis: habla mal del feminismo. No es necesario siquiera que sea un comentario realmente machista. Solo manifiesta alguna inconformidad contra este.

Pronunciarse ligeramente en contra de cualquier postura feminista, conlleva que con toda seguridad se transgreda lo políticamente correcto, y de tomarse la diferencia parcial como la entera oposición para ser tachado entonces —invariablemente— de machista. Esto sin mencionar que si no se es un erudito letrado en literatura, historia, y teoría de género, cualquier pronunciamiento es rechazado por principio.

La parte a la que me quiero referir es una a la que la cultura feminista tiende a menospreciar por no ser precisamente de ámbito puramente ‘sociocultural’. Es decir, la parte biológica y genética. Pareciera que llegado este momento del curso civilizatorio hubiéramos alcanzado ya el estatus suficiente para disminuirlo hasta el desprecio absoluto. Y no es que así no lo deseara yo mismo, pero mantenerlo a la vista es necesario si queremos que las aportaciones de todas las esferas que lo afectan se complementen congruentemente.

Recientemente una mujer erudita en todo, por consiguiente obvio también en temas feministas, me increpó por señalar lo que otra mujer, igualmente inteligente y docta —aunque en forma distinta—, manifestó acerca de no molestarse por los piropos. (Ver Tweet )

pilar

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Aquí tenemos a dos mujeres inteligentes manifestándose libremente acerca de lo que les gusta y lo que les molesta. La segunda estaría conforme si se promulga una ley que lo prohíba y castigue para que no vuelva a pasar, y si pasa, se inflija entonces el sufrimiento —equiparable cuando menos—, al sujeto que inflija la osadía. Cabe apenas justificar esta medida, por lo cerca que está siempre de convertirse, o alentar,  un posible feminicidio, dicen.

Sirva este ejemplo para ayudarme a denotar el punto al que quiero referirme. Y todo tiene ver, efectivamente, con la fuente de la diferencia entre hombre y mujer: el sexo. Si eliminamos la connotación sexual en las relaciones entre las personas, los efectos parecen tener muchos menos riesgos. Por ejemplo, si una persona le expresa a otra una opinión favorable—no solicitada— acerca de su portafolio, es seguro en la mayoría de los casos que no habría porque pensar en una sanción, ni restricción siquiera. Así sea entre personas de sexos distintos o iguales, y en el sentido que fuere. Sin embargo, al hacerlo de la vestimenta o del cuerpo, inmediatamente aparecen las implicaciones sexuales. Nótese que al igual que con el portafolio, los comentarios acerca de las virtudes no corporales, como la agilidad o la inteligencia, tampoco caen en terrenos peligrosos.

Hey señorita, qué inteligente se ve usted, por ejemplo.

Aquí hay dos cosas; el sexo y la intromisión. Si somos simplistas, la civilización se debe mucho a la curiosidad y eso nos hizo exitosos entrometidos. Al parecer, al cabo de algunos siglos el hombre se ha dado cuenta de que la intromisión debe tener sus límites. Y estos límites están relacionados con el sexo de los individuos… así como ocurrió con el color de piel, el credo, el lugar de nacimiento, la afiliación política y la nacionalidad, entre muchos.

Los hay avances en la civilización con mayor relevancia que otras. Tras el impulso de comer con las manos hay ciertamente muchas menos implicaciones que tras los impulsos por manifestarse apetitoso por una dama desconocida en la calle. Pero es una norma social la que se ha impuesto para que ambos se contengan. Por su relevancia, la segunda ha llegado ya a implementarse una vía legal, y puedo estar perfectamente de acuerdo. Mi disonancia está en la gama de la intensidad en las relaciones entre géneros.

Ciertamente, pocos o ningún otro ámbito, tiene que ver con las diferencias entre los humanos qué el del género, al grado absurdo que se ha tenido que transitar de considerar a uno de estos como parte también de la misma especie. Hoy en día, el lastre persiste en lo político, lo legal, lo social, lo laboral, lo cultural, y por supuesto y por excelencia: en lo sexual.

En una mirada por encima del mundo, podemos ver que a pesar de las mismas necesidades fisiológicas, encontramos diversas formas de conductas en torno a la interacción de géneros. Y si somos simplistas podríamos decir que es en realidad una sola gama que va de fría a caliente, siendo la fría la que tienen, por ejemplo, los pueblos nórdicos, y la cálida que se experimenta, por ejemplo, en Río de Janeiro durante el carnaval, por poner el opuesto máximo posible que se me ocurre.

Mientras que caminando por las calles de Estocolmo las miradas se rehúyen y evitan, en Río las miradas se retan a sostenerse y a pasar del visual, al lenguaje oral, y a otros. No deja de ser curioso que así mismo, mientras en Estocolmo por las noches en un Pub bastan algunos gestos para que se consiga pareja casual para la noche, en Río en cambio, se requieren de mayores artes del cortejo para lograrlo en una competencia mucho más intensa entre participantes.

En un lugar, supuestamente más civilizado, el lugar importa; asistir al pub en Estocolmo supone ya una factible intención, así como asistir al festival de Rio también. Sin embargo, sin Carnaval, ni estando en el Pub, los comportamientos que se experimentan en las ciudades de Río y Estocolmo son muy distintos. Baste con mencionar las diferencias conocidas con el temperamento latino versus el temperamento anglosajón. Y no tiene tanto que ver con la frecuencia en intensidad de las relaciones sexuales entre los individuos, como de su interacción cotidiana.

El pecado* está, me parece, en esa parte bio-genética que produce -inevitablemente- la sensación de cosificar al otro, a la mujer como al hombre, y que radica en la naturaleza del acto sexual.

Es curioso también que en todo lo que hacemos los humanos diariamente nos vemos cosificando a los demás y siendo cosificados sin necesariamente pasar por lo sexual. Usamos y nos usan, (hasta en el amor más puro) a veces mediando un por favor, y otras no. Pero como pasa con comer con las manos, no hay mayores implicaciones. Muchas veces nos sentimos orgullosos de servir y estar satisfechos de ello, otras no, sin embargo, no sea esto en lo sexual pues las implicaciones son de una resonancia especial.

En las relaciones amorosas, la parte sexual parece salvarse de la cosificación, pero siempre camina por una cuerda floja de la cual se puede caer fácilmente.

Como siempre, la diferencia radica en el respeto al consenso. En el hecho del respeto a la voluntad del otro a ser cosificado o no. Ahí radica la relevancia de la cosificación. Las cosas no son sujetos de respeto, pero hay que tomar en cuenta el respeto por el deseo a ser cosificado

…el derecho a ser cosificado.

*Lo escribí como pecado por relacionarlo con la cultura que lo penaliza con frecuencia, pero podría sustituirse con El quid está...

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Noah y las redes sociales

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Suelo pensar que son exageradas y tendenciosas las críticas sobre las redes sociales. Creo que son como muchas cosas, útiles o perjudiciales según sea la forma en que cada quién les use. No obstante, sin tener la intención de causar alarma, me parece que no está de más darle una reflexión y en estos cortometrajes se hace el planteamiento de manera ingeniosa, especialmente en este primero, por Patrick Cederberg y Walter Woodman para el festival de Toronto TIF en 2014, Noah:

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Vía RopeOfSilicon

 Muchas otros cortos en internet, como The Antisocial Network…  Read More

Cuento Singular

Este tipo de trabajos me encantan e intento llenar con ellos todo hueco que la realidad deja sin ocupar…

Gifs de aquí:

“An amazing fairy tale from Harry Potter and the Deathly Hallows Part 1 (the 7th Harry Potter movie).

The Tale of the Three Brothers is a fairy tale told to wizard children. Most wizards view this story as one that teaches children morals (e.g. humility, wisdom, etc.). The three objects mentioned during the tale are meant to be the Deathly Hallows, the most powerful magical objects in existence. The Elder Wand is the unbeatable wand of the oldest brother, the Resurrection Stone is the stone given to the second brother, and the Cloak of Invisibility is the cloak given to the third brother that could hide the wearer even from Death. It is believed that whoever succeeds in uniting all three of the Hallows would become the Master of Death.”

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La Vida y el Mundial

lavidamundial

¿Por qué el futbol? Teniendo un par de buenos amigos que odian el futbol, me he visto enredado en discusiones y reflexiones al respecto. No tengo intención de convertirlos hacia mi afición pero sí quisiera entender mi propia afición. Haberlo jugado sirvió de incubadora de lo que podría seguramente haber sido un contagio; Un contagio infeccioso que además ha venido siendo crónico.

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